Cuba debe más de 1.278 millones de dólares a Argentina

Un reporte de La Nación volvió a poner sobre la mesa una deuda que el régimen cubano arrastra desde hace más de cinco décadas y que hoy coloca a la Isla como el principal deudor de Argentina. La cifra ya supera los 1.278 millones de dólares en capital, pero el golpe mayor está en los intereses acumulados, que han crecido por años de impagos y ya rebasan el monto principal.

El origen del compromiso se remonta al 24 de agosto de 1973, cuando Fidel Castro recibió en Buenos Aires una línea de crédito por 600 millones de dólares para financiar la compra de tractores, maquinaria agrícola, camiones y vehículos. La operación quedó atada a una lógica de endeudamiento que el castrismo convirtió en costumbre: gastar, prometer y dejar la factura para después. Con el paso del tiempo, la deuda se fue inflando hasta alcanzar 1.278,75 millones de dólares, mientras los intereses registrados por el Banco de Inversión y Comercio Exterior llegaron a 1.722,06 millones hasta el último agosto.

La propia publicación argentina advierte que esa cifra sigue subiendo. Entre marzo del año pasado y el último dato disponible de 2025, los intereses crecieron en 113,28 millones de dólares. En otras palabras, el régimen no solo arrastra una obligación vieja; también alimenta una carga que continúa creciendo por la irresponsabilidad financiera que ha definido su relación con el dinero ajeno durante décadas.

El caso con Argentina encaja en un patrón más amplio. A comienzos de octubre, España aprobó un acuerdo para el tratamiento de otra deuda que Cuba mantiene con el Estado español, con una reestructuración de 194 millones de euros, 142 millones de dólares canadienses y 811.000 dólares estadounidenses. El lenguaje diplomático intenta suavizar lo que en realidad es un nuevo alivio para La Habana, sostenido por gobiernos dispuestos a premiar al régimen pese a su historial de incumplimientos.

Ese mismo camino se repite con Rusia. En mayo, el viceprimer ministro Dmitry Chernyshenko anunció una inversión de más de 1.000 millones de dólares en proyectos en Cuba, tras reuniones oficiales en el Kremlin con Vladimir Putin y Miguel Díaz-Canel. El anuncio se presentó como alianza estratégica, pero en los hechos refuerza la dependencia económica de la dictadura cubana, que busca oxígeno donde sea para sostenerse en el poder.

Un mes después, el propio régimen admitió deudas con empresas rusas y prometió pagarlas “cuando se creen las condiciones necesarias”. Esa frase resume el mecanismo habitual de La Habana: asumir compromisos hoy y dejarlos suspendidos indefinidamente, mientras la población cubana carga con la escasez, el deterioro y la destrucción de una economía que el castrismo ha llevado al borde del colapso.

La deuda con Argentina, como tantas otras, revela una verdad incómoda para el régimen: Cuba no solo ha hipotecado su presente, también ha convertido el incumplimiento en política de Estado. Detrás de cada cifra hay décadas de arbitrariedad, opacidad y manejo desastroso de las finanzas públicas, con el costo final descargado sobre un país que sigue sin producir bienestar para su gente y sí montañas de obligaciones para otros.

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