Washington volvió a poner el foco sobre la maquinaria propagandística del régimen cubano y su campaña anual contra el embargo en la ONU. Esta vez, el Departamento de Estado lo dijo sin rodeos: La Habana usa esa resolución como una pantalla para esconder su corrupción, su incompetencia y la represión que aplasta a los cubanos dentro de la isla.
La declaración enviada a Martí Noticias desmonta la narrativa oficial que durante décadas ha intentado culpar a Estados Unidos de la miseria nacional. Según la administración estadounidense, el sufrimiento del pueblo cubano responde a las políticas comunistas fracasadas y a las violaciones de derechos humanos cometidas por el propio régimen, no a una sanción presentada por La Habana como excusa permanente.
Washington también rechazó otro de los argumentos favoritos del castrismo: que el embargo bloquea el comercio y corta el acceso a bienes esenciales. El Departamento de Estado recordó que la ley estadounidense permite exportar alimentos, medicinas y equipos médicos a Cuba, y afirmó además que el embargo no impide el acceso de la isla a los mercados mundiales ni su comercio con terceros países.
En ese punto, el gobierno estadounidense citó una cifra que desmonta el relato oficial: solo en 2024, agricultores de Estados Unidos exportaron más de 430 millones de dólares en productos agrícolas a Cuba. Mientras el aparato propagandístico insiste en culpar al embargo, el régimen sigue sin responder por el desvío de recursos y por mantener dinero en cuentas bancarias en el extranjero en lugar de invertirlo en electricidad, infraestructura y necesidades básicas de la población.
El mensaje de Washington también tuvo una carga política clara. Estados Unidos reiteró su respaldo a los cubanos que exigen libertad, dignidad y derechos humanos, y llamó a la comunidad internacional a rechazar las mentiras del régimen cubano y a ponerse del lado del pueblo, no de la dictadura, en la votación prevista en la ONU para los días 28 y 29 de octubre.
La confrontación pública entre ambos gobiernos se intensificó esta semana con el cruce en la red social X entre Miguel Díaz-Canel y el subsecretario de Estado Christopher Landau. El funcionario estadounidense respondió al gobernante cubano con una acusación directa: negó la existencia de un bloqueo y responsabilizó al comunismo por el hambre y la miseria que sufre la isla. El intercambio dejó otra vez al descubierto la estrategia de La Habana: presentar como víctima a un régimen que durante décadas ha convertido la represión interna en su principal política de supervivencia.

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