La represión del régimen cubano contra la creación artística sigue dejando un saldo abierto y brutal: 17 artistas permanecen encerrados en prisiones del país y otros 10 cumplen sanciones fuera de la cárcel o bajo regímenes restrictivos, según denunció el Observatorio de Derechos Culturales.
La organización elevó la cifra a 27 creadores castigados por el Estado por ejercer su arte, sostener una postura cívica o negarse a someter su voz al silencio oficial. En Cuba, cualquier gesto de independencia cultural termina convertido en una afrenta política para un poder que no tolera disenso y castiga la expresión como si fuera delito.
El señalamiento del Observatorio retrata una de las caras más crudas del aparato represivo: la persecución contra artistas, sobre todo jóvenes, cuyas carreras, proyectos y vidas quedan mutilados por el encierro, el hostigamiento y la censura. La cultura, que en cualquier país libre debería ser espacio de creación y debate, sigue siendo tratada por la dictadura como un terreno vigilado.
Durante el año, la organización documentó casos de violencia institucional, negligencia médica, aislamiento prolongado, amenazas y castigos arbitrarios dentro del sistema penitenciario cubano. Todo eso ocurre sin garantías judiciales reales ni respeto a los derechos humanos, en una estructura donde la condena política suele llegar antes que cualquier juicio justo.
El Observatorio insistió en que detrás de cada número hay familias sometidas a presión constante, obras interrumpidas y trayectorias arrancadas por la fuerza. También dejó claro que la represión no se limita a las rejas: alcanza la libertad limitada, el miedo cotidiano y el exilio forzado de quienes se niegan a rendirse.
Su mensaje final resume la dimensión del daño: mientras el régimen siga castigando a un solo artista por expresarse libremente, la cultura cubana seguirá bajo secuestro político.

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