La minera canadiense Sherritt tuvo que reconocer el deterioro de su negocio en Moa, donde la producción de níquel y cobalto terminó golpeada por apagones, falta de insumos, retrasos y un entorno de incertidumbre que la propia empresa ya trata como un freno serio para su operación en Cuba.
La compañía informó que mantiene contactos con el régimen cubano, su socio en la sociedad mixta Cubaníquel, para revisar las “adversas condiciones operativas” en la isla y encaminar un cambio amplio en la planta del oriente cubano. Ese giro habla por sí solo: la prioridad pasó de expandir a contener el daño y salvar lo que todavía puede sostenerse.
En sus resultados de 2025, Sherritt dejó claro que la actuación en Moa quedó por debajo de lo logrado en 2024 y también de lo que esperaba al inicio del ejercicio. La empresa busca ahora reforzar la productividad y la fiabilidad de la mina mientras evalúa, junto a su socio estatal, cómo responder a una crisis que el régimen ha dejado crecer dentro de una de las principales apuestas industriales de la isla.
La propia compañía también vinculó su revisión operativa al tablero geopolítico. Dijo que monitorea los acontecimientos regionales y la presión política y económica de Estados Unidos sobre el régimen cubano, mientras intenta proteger una inversión que depende de un sistema incapaz de garantizar combustible, suministros ni estabilidad mínima para producir.
Los números confirman el golpe. Sherritt esperaba extraer entre 31.000 y 33.000 toneladas de níquel en 2025, pero cerró con 25.240, casi 17 % menos que en 2024. En cobalto, el plan era llegar a 3.300 toneladas y terminó en 2.729, cerca de 15 % menos en la comparación interanual.
Entre las causas, la empresa citó la falta de insumos, los retrasos, los apagones prolongados que castigan a toda la isla y los efectos del huracán Melissa, que cruzó el oriente de Cuba a finales de octubre como categoría 3. El cuadro retrata el costo real del colapso económico cubano: hasta una de las inversiones extranjeras más importantes termina atrapada en la escasez, la desorganización y el deterioro estructural que impone el régimen.
Sherritt y la contraparte estatal cubana comparten la mina y la planta de Moa, además de una refinería de metales en Alberta, Canadá. Esa sociedad mixta figura entre las grandes inversiones extranjeras en Cuba, pero también deja al desnudo las limitaciones de hacer negocios bajo un modelo político que estrangula la producción con control, opacidad y ruina operativa.
Cuba aparece entre los países con mayores reservas de níquel del mundo, según distintos estudios, y el níquel y el cobalto siguen siendo metales estratégicos para la nueva economía verde y la fabricación de baterías. El potencial existe; lo que falla es el sistema que debía convertirlo en riqueza y termina hundiéndolo.

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