La escasez de gasolina en Cuba volvió a golpear con fuerza en las últimas semanas y empujó a miles de cubanos a un mercado informal donde el litro se vende al precio que impone la necesidad y la falta de control. En La Habana y en varias provincias, conseguir combustible se convirtió en una carrera de resistencia para quienes dependen del carro, la moto o una planta eléctrica.
El activista Alejandro Garlobo explicó que ya no hay gasolina ni siquiera en La Habana ni en moneda libremente convertible, y que las asignaciones que antes recibían algunas personas por tener plantas eléctricas también desaparecieron. Su testimonio retrata una realidad conocida por el cubano de a pie: el régimen deja secar el abastecimiento oficial y luego tolera, por omisión o conveniencia, un mercado paralelo donde manda el abuso.
Los precios que se mueven fuera de los servicentros estatales son una bofetada para cualquier familia que viva de salario en pesos. Garlobo aseguró que en zonas como Quivicán y Santiago de las Vegas el litro llega a 700, 800 y hasta 900 pesos, mientras en San Antonio de los Baños alcanza los 1.000. Un seguidor de Martí Noticias, que pidió no ser identificado, contó que en La Habana pagó 1.500 pesos por dos litros y no pudo comprar más.
Ese mismo testimonio muestra el otro rostro de la crisis: la gasolina ya no sirve solo para mover un vehículo, también se vuelve imprescindible para cocinar en medio de apagones que dejan a las familias sin otra salida. En Camagüey, según el relato recibido, el litro ronda los 1.200 pesos, una cifra que confirma cómo la escasez se extiende y castiga por igual a capitalinos y provincianos.
Las redes sociales han servido de termómetro de esa asfixia. Una encuesta divulgada por el periodista Mario Pentón recogió reportes de varias provincias con precios cercanos o superiores a los 1.000 pesos por litro. Enrique Rodríguez, desde Mayabeque, señaló que allí el combustible llega a ese nivel. Ruperto Llanes Sánchez, en Sierra de Cubitas, habló de precios entre 1.000 y 1.200 pesos. Yaniel Ribosa, en San Miguel del Padrón, situó el litro en torno a los 900 pesos.
La crisis de la gasolina no está aislada. Jorge Piñón, director del Programa de Energía para América Latina y el Caribe en la Universidad de Texas, advirtió que Cuba podría entrar en una etapa todavía más profunda de colapso si pierde por completo el petróleo que recibe de Venezuela. Ese corte dejaría a la isla sin combustible para el transporte, sin diésel, sin respaldo para las plantas eléctricas y con un deterioro aún mayor de los servicios básicos.
El panorama eléctrico confirma la fragilidad del sistema. La Unión Eléctrica pronosticó para este lunes una afectación de 1.987 megawatts en el horario pico, lo que equivale a más de la mitad del país a oscuras. Esa combinación de apagones y escasez de combustible hunde a Cuba en una rutina de penuria que el régimen sigue administrando con improvisación, propaganda y silencio.
Piñón señaló además que Cuba ha estado recibiendo en los últimos trimestres entre 32.000 y 35.000 barriles diarios de crudo venezolano. Advirtió que, si se pierden esos volúmenes, el golpe sería devastador para la economía cubana. A eso se suma la advertencia publicada por Politico sobre una posible decisión de la administración de Donald Trump de bloquear por completo las importaciones de petróleo hacia la isla, así como el reporte de Reuters sobre una revisión en México de sus envíos a La Habana.
Trump también lanzó un mensaje directo en sus redes sociales: aseguró que no habrá más petróleo ni dinero para Cuba y aconsejó al régimen que cierre un acuerdo antes de que sea demasiado tarde. La señal es clara para una dictadura que ha vivido durante décadas del subsidio externo, del reparto opaco de recursos y de una economía incapaz de sostenerse por sí sola. Mientras tanto, los cubanos siguen pagando en efectivo, en apagones y en colas el precio de un modelo agotado.

Sé el primero en comentar