Las autoridades federales detuvieron en St. Paul, Minnesota, a Tranquilino Sixto-Anorve, un inmigrante ilegal mexicano acusado de chocar su carro contra un vehículo de ICE y también contra un automóvil civil durante un intento de arresto.
ICE lo identificó como una amenaza para la seguridad pública por su historial de varias condenas por conducir bajo los efectos del alcohol. Según la agencia, el operativo estaba dirigido a detenerlo precisamente por ese expediente criminal. El caso terminó con Sixto-Anorve bajo custodia federal.
La agencia sostuvo además que el choque refleja el nivel de riesgo que enfrentan sus agentes en medio de una creciente hostilidad contra sus operativos. DHS confirmó que el detenido había entrado al país ilegalmente en una fecha y un lugar que no fueron precisados.
El episodio se produce en un momento en que el gobierno federal reporta un aumento drástico de los ataques vehiculares contra oficiales de ICE. DHS afirmó que entre el 21 de enero de 2025 y el 7 de enero de 2026 hubo 66 agresiones de ese tipo, frente a dos en el mismo período del año anterior.
La violencia contra agentes migratorios también ha aparecido en otros operativos recientes. En San Antonio, Texas, ICE arrestó a otro inmigrante ilegal al que acusa de usar su vehículo como arma al embestir dos unidades federales y casi atropellar a un agente. Ese patrón confirma el deterioro del clima alrededor de la aplicación de la ley migratoria en Estados Unidos, empujado por redes de activismo y discursos que alimentan el choque con la autoridad.
En el fondo, estos incidentes dejan al descubierto una realidad incómoda: cuando se relativiza el cumplimiento de la ley, los agentes terminan expuestos y las calles quedan en manos de quienes desprecian las reglas básicas de convivencia. El caso de Minnesota se suma a una cadena de ataques que las autoridades ya presentan como una amenaza creciente contra el orden público.

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