Cuba enfrentará este domingo apagones sobre el 59,3 % del país

Cuba volverá a cargar este domingo con una jornada de apagones prolongados, esta vez con afectación simultánea sobre el 59,3 % del territorio durante el horario pico, el tramo de mayor consumo. La previsión de la Unión Eléctrica confirma que el régimen sigue hundiendo al país en una oscuridad crónica, mientras la vida cotidiana, la economía y la estabilidad social quedan atrapadas en un sistema eléctrico roto.

La crisis energética, que se agravó desde mediados de 2024, atraviesa uno de sus peores momentos. Este sábado el déficit llegó a un récord de 63 %, y días atrás la previsión ya había rozado el 62 % de la isla sin corriente, con apagones de 20 horas o más en buena parte del país y hasta 40 horas en algunas localidades. La magnitud del colapso deja al desnudo décadas de abandono, improvisación y control estatal absoluto sobre un sector que nunca recibió la inversión que necesitaba.

La Unión Eléctrica calcula para la tarde-noche una generación de apenas 1.270 megavatios frente a una demanda máxima de 3.050 MW. El resultado será un déficit de 1.780 MW y una afectación estimada de 1.810 MW. Traducido al lenguaje de la calle: más hogares, más hospitales, más barrios y más centros de trabajo seguirán dependiendo del arbitrio de un sistema que ya no da más.

Detrás de ese derrumbe hay causas que el propio Gobierno cubano reconoce. Las centrales térmicas operan con un pésimo estado técnico, arrastran décadas de explotación y sufren averías constantes. A eso se suma la falta de divisas para importar el combustible necesario para producir energía. La crisis se ha hecho todavía más aguda por el corte del suministro de crudo venezolano, después de las presiones de Estados Unidos tras la caída de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero.

El panorama empeoró además con la orden ejecutiva firmada por Donald Trump, que impuso aranceles a los países que vendan o proporcionen petróleo a Cuba y declaró a la isla una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos. En ese escenario, el régimen cubano queda con menos margen para sostener una red eléctrica ya golpeada por el deterioro y la dependencia exterior.

La UNE, adscrita al Ministerio cubano de Energía y Minas, advierte también que diez de las 16 unidades termoeléctricas operativas están fuera de servicio por averías o mantenimientos, incluida la central Antonio Guiteras, el mayor bloque generador del país. Estas plantas aportan de media cerca del 40 % de la matriz energética cubana, de modo que cada salida de servicio golpea con fuerza una red cada vez más frágil.

Otro dato inquietante es que el informe oficial ha dejado de detallar cuántas centrales de generación distribuida están paralizadas por falta de combustible y lubricante. Esa omisión impide medir con precisión el daño total, pero todo apunta a que los motores detenidos siguen aumentando hasta niveles récord. En un país gobernado por monopolio estatal, opacidad y ruina técnica, incluso la información sobre el desastre llega recortada.

La crisis eléctrica también tiene una raíz estructural. Expertos independientes la atribuyen a una infrafinanciación crónica de un sector completamente en manos del Estado desde 1959. El costo político y social ya está a la vista: los apagones diarios hunden la economía, que se ha contraído más de un 15 % desde 2020 según cifras oficiales, y han sido el detonante de las principales protestas de los últimos años.

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