El régimen cubano volvió a salir a pedir auxilio a sus aliados más cercanos mientras la crisis energética sigue golpeando a la población con apagones y escasez. La Habana activó una gira por Vietnam, China y Rusia en busca de respaldo político y económico, en medio del endurecimiento del cerco petrolero de Estados Unidos y del deterioro de su capacidad para sostener el país.
Bruno Rodríguez apareció en China como “enviado especial del Partido Comunista de Cuba”, acompañado por una delegación que incluye al jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas, Roberto Legrá Sotolongo, y al viceministro primero de Comercio Exterior, Carlos Luis Jorge. La composición del viaje deja ver la urgencia del momento: diplomacia, comercio y estructura militar moviéndose al mismo tiempo para intentar contener una crisis que ya desborda al régimen.
La gira comenzó en Vietnam, donde Rodríguez se reunió con To Lam y con Luong Cuong. El dirigente vietnamita dijo que su país está dispuesto a apoyar a Cuba “dentro de sus capacidades”. Esa frase resume el margen real con que cuentan hoy los socios de La Habana. Vietnam sigue siendo el segundo socio comercial de la isla y el principal inversor de Asia-Pacífico en el país, y en septiembre entregó un donativo de 15 millones de dólares.
Rodríguez también habló por teléfono con Serguéi Lavrov durante su estancia en Vietnam. El canciller cubano agradeció la solidaridad rusa y el rechazo de Moscú a las presiones de Washington. La cancillería rusa reiteró su oposición a cualquier forma de presión económica o militar contra Cuba y alertó sobre el deterioro de la situación humanitaria en la isla. Rusia mantiene una relación estratégica con La Habana desde la Guerra Fría y sigue entre sus principales socios comerciales.
En China, la agenda de Rodríguez incluyó reuniones con la Agencia Internacional de Cooperación de China y con el Departamento de Enlace Internacional del Comité Central del Partido Comunista chino. El punto más alto de ese respaldo llegó a finales de enero, cuando Xi Jinping aprobó una ayuda de emergencia para Cuba de 80 millones de dólares y 60.000 toneladas de arroz, la mayor donación de ese alimento recibida por la isla hasta ahora. A eso se suma otra ayuda china de 100 millones de dólares entregada en 2024. Pekín también exigió a Washington que ponga fin de inmediato al bloqueo, las sanciones y cualquier medida coercitiva contra Cuba.
La secuencia de contactos confirma una realidad incómoda para la dictadura: depende cada vez más de apoyos externos para sostener lo básico, mientras el país sigue hundido en apagones, escasez y asfixia económica. La caída del respaldo venezolano y la presión de Estados Unidos dejaron a La Habana con menos margen y más dependencia de una diplomacia de supervivencia. El régimen ya no busca desarrollo; busca oxígeno para alargar un modelo que mantiene a Cuba en la oscuridad.
Por ahora se desconoce si la delegación cubana seguirá hacia Venezuela, Irán o México. La falta de anuncios previos sobre la gira refuerza la impresión de un régimen que improvisa sobre la marcha y sale al exterior a pedir socorro mientras los cubanos siguen pagando el precio de su fracaso.

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