La Asamblea de la Resistencia Cubana convocó en Miami una vigilia para exigir que Raúl Castro responda penalmente por la orden y el encubrimiento político de la matanza de cuatro estadounidenses derribados por el régimen en febrero de 1996. La protesta llegará justo cuando se cumplan 30 años del ataque contra dos avionetas de Brothers to the Rescue en aguas internacionales.
El caso sigue cargando un peso moral y político que La Habana nunca asumió. Aquel 24 de febrero, el régimen abrió fuego contra tres aviones de la organización de exiliados que realizaba misiones humanitarias para socorrer a cubanos en peligro en el mar. Dos aeronaves fueron derribadas y murieron Carlos Costa, Armando Alejandre, Mario de la Peña y Pablo Morales. La tercera logró escapar después de una persecución aérea intensa.
La convocatoria en Miami busca mantener vivo ese reclamo y colocar de nuevo en el centro la responsabilidad de la cúpula castrista. Orlando Gutiérrez-Boronat, coordinador de la ARC, sostuvo en un video que el crimen está codificado en la ley estadounidense y que existe base para procesar a Raúl Castro por su papel de mando en esa operación. Su planteamiento apunta directamente al corazón del sistema: decisiones tomadas desde arriba, ejecutadas por el aparato militar y protegidas por el silencio oficial durante décadas.
La vigilia también tiene una carga política que rebasa el recuerdo de las víctimas. Brothers to the Rescue nació para salvar vidas de cubanos que huían durante la crisis de los balseros, cuando miles se lanzaban al mar empujados por el fracaso del modelo comunista. El régimen respondió con balas contra quienes intentaban auxiliar a esos migrantes y convirtió una misión de rescate en una ejecución aérea.
Gutiérrez-Boronat llamó además a cubanos y a otras comunidades del exilio en el sur de Florida a sumarse a la concentración. El mensaje lleva una lectura clara: mientras el castrismo siga en pie, sus crímenes no quedarán en la historia cerrada ni en la impunidad cómoda que ha protegido a sus jefes. La demanda de justicia vuelve a exponer una verdad incómoda para el régimen: sus abusos no terminaron en la isla, y su responsabilidad sigue viva donde haya memoria, exilio y víctimas.

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