Muere un jubilado ciego tras ser asaltado en Cuba

Pablo Vega, un jubilado ciego conocido como Pablito, murió después de ser golpeado y robado cuando salió a cobrar su pensión en un cajero automático, un caso que vuelve a exhibir la violencia cotidiana y el abandono que padecen los adultos mayores en Cuba. La denuncia fue hecha en redes sociales por la usuaria identificada como Kiryat Poey, que relató la secuencia del ataque y la posterior muerte del anciano tras los golpes recibidos.

Vega había trabajado durante más de 30 años en Acopio. También padecía diabetes y había perdido la vista, pero seguía dependiendo de una pensión mensual de 2.800 pesos cubanos, una cifra que apenas le alcanzaba para medicamentos y algo de comida. Vivía solo, aunque con apoyo constante de sus hermanos y familiares, según la publicación citada.

El viernes, de acuerdo con ese testimonio, salió a las 4:00 de la madrugada para hacer la cola en el banco porque el efectivo escasea y los cajeros no resuelven la necesidad de quienes dependen de su retiro. En esa fila, unos jóvenes lo habrían visto, lo golpearon con brutalidad y le quitaron el poco dinero que llevaba. El anciano logró regresar a su casa, pero sus hermanas lo encontraron en mal estado y lo llevaron al médico.

La denuncia sostiene que falleció este lunes 23 de febrero como consecuencia directa de los golpes. Hasta ahora no hay un parte oficial sobre el crimen ni información pública sobre la identificación o detención de los presuntos agresores. El silencio institucional deja el caso en el terreno que más le conviene al régimen: el de una tragedia social sin responsables visibles.

Este asesinato golpea de frente a los jubilados cubanos, obligados a salir de madrugada a buscar un dinero que el sistema bancario no garantiza con normalidad. La escasez de efectivo, las colas interminables y la precariedad de los servicios estatales convierten algo tan elemental como cobrar una pensión en una exposición al delito, la humillación y el miedo.

La muerte de Pablito también retrata un país donde la vejez quedó desprotegida. Una pensión que no alcanza, una red de asistencia insuficiente y un entorno cada vez más hostil empujan a los mayores a la vulnerabilidad absoluta. Cuando el régimen insiste en maquillar la indigencia y minimizar la pobreza, casos como este desmontan la propaganda con crudeza.

La denuncia difundida en redes lo resume con una verdad difícil de ocultar: la violencia contra los ancianos se está volviendo parte de la realidad cubana. Y mientras el poder sigue administrando escasez, negación y silencio, los más débiles pagan la factura más alta.

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