EEUU afloja el veto al petróleo de Venezuela para Cuba

Estados Unidos suavizó este miércoles las restricciones a las exportaciones de petróleo venezolano con destino al sector privado cubano, mientras el secretario de Estado, Marco Rubio, dejó claro que La Habana sigue en la mira de Washington por una crisis que atribuyó de forma directa al régimen. La medida abre una válvula de alivio parcial para la isla, pero no cambia la presión política sobre un poder que mantiene a Cuba hundida en apagones, escasez de combustible y parálisis económica.

Rubio habló en una cumbre de la Comunidad del Caribe en San Cristóbal y Nieves y volvió a poner el foco donde corresponde: en la responsabilidad del régimen cubano. Dijo que la isla necesita un cambio “drástico” y sostuvo que las autoridades son las únicas responsables de una crisis que describió como posiblemente la peor desde 1959. Su mensaje fue duro y también calculado: Washington afloja una medida que golpeaba el suministro para uso privado, pero no piensa regalarle oxígeno al aparato estatal ni a los militares que dominan la economía cubana.

El Tesoro anunció que permitiría esas exportaciones para uso comercial y humanitario, aunque advirtió que las sanciones volverán si el petróleo termina en manos del gobierno o de las fuerzas armadas. El detalle importa porque revela la raíz del problema: en Cuba, hasta el combustible termina atrapado por un sistema de control político y militar que convierte cualquier alivio externo en botín para la cúpula. La población, otra vez, queda al final de la cadena, pagando con más apagones y más incertidumbre.

La decisión de Washington llega después de que Estados Unidos bloqueara rápidamente el flujo de petróleo venezolano hacia la isla tras la caída de Nicolás Maduro, una dependencia que La Habana había usado para cubrir casi la mitad de sus necesidades. Ese corte agravó la escasez de combustible y empeoró los apagones que ya castigaban a la gente desde hace tiempo. La crisis energética, en lugar de ser un accidente aislado, confirma el fracaso de un modelo incapaz de sostener servicios básicos sin parches, favores externos y propaganda.

Rubio también se movió en un escenario regional donde varios gobiernos caribeños expresaron temor a que el colapso cubano desborde las fronteras de la isla. Jamaica y San Cristóbal y Nieves hablaron del riesgo de desestabilización para toda la zona, y Canadá anunció ayuda financiera para Cuba en medio de los apagones y la escasez. La lectura es clara: el deterioro cubano ya no se limita al sufrimiento doméstico; arrastra tensiones migratorias, presión humanitaria y costos políticos para el Caribe entero.

En paralelo, Rubio respondió a un episodio separado que vuelve a mostrar el nivel de tensión en el área: Cuba informó que había matado a cuatro personas a bordo de una lancha rápida registrada en Florida. El secretario de Estado dijo que su país estudiaba lo ocurrido y respondería “en consecuencia”. El intercambio añade más fricción a una relación ya marcada por la desconfianza, pero no borra lo esencial: el centro de la crisis cubana sigue estando en La Habana, en un régimen que destruyó la economía, vació la producción y convirtió la energía en otro instrumento de control.

La flexibilización parcial del veto petrolero da algo de respiro al sector privado cubano, pero no resuelve el problema de fondo. Cuba continúa atrapada entre la ruina económica y un poder que se niega a abrir espacio real para la libertad económica y política. Rubio lo dijo sin rodeos: sin cambios drásticos, no habrá mejora duradera para la vida de los cubanos. Esa es la grieta central de esta historia, y también la sentencia política sobre el castrismo.

Estados Unidos alivió las trabas al petróleo venezolano para el sector privado cubano, pero Rubio culpó al régimen por la crisis y advirtió que seguirá la presión.[18][

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