La Cancillería rusa acusó a Estados Unidos de comportarse como un imperio colonial del siglo XIX y de empujar varias de las tensiones que hoy sacuden la agenda internacional, entre ellas las vinculadas con Cuba, Venezuela, Irán y la guerra en Ucrania. La denuncia la hizo la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, María Zajárova, durante una rueda de prensa en la que habló de un deterioro global con responsables concretos.
Zajárova afirmó que Washington actúa de forma agresiva y que ya no intenta ocultar sus intenciones. Según su lectura, Estados Unidos ha apartado el derecho internacional de su camino y trata de sostener un dominio que se le escapa en la escena mundial. En esa lógica metió en el mismo engranaje los conflictos que hoy atraviesan distintos frentes, desde Europa del Este hasta el Caribe.
La referencia a Cuba no es menor. La vocera incluyó a la Isla entre los puntos donde se expresan esas tensiones, en un momento en que el régimen cubano sigue usando la presión externa como explicación cómoda para su fracaso interno, su ruina económica y la asfixia cotidiana de la población. Cada vez que La Habana se refugia en ese discurso, intenta borrar de la ecuación la responsabilidad propia en la crisis que golpea a los cubanos.
El señalamiento ruso también revela cómo Moscú busca presentarse como contraparte del poder estadounidense en medio de una disputa global en la que Cuba vuelve a ser pieza de propaganda. El problema para la Isla es que ese juego de potencias no alivia la escasez, no abre libertades y no corrige el control político que mantiene al país atrapado bajo el castrismo. La población sigue pagando el costo de una política exterior convertida en coartada interna.
Mientras tanto, el régimen insiste en colocar cada presión internacional como excusa para su propio desastre. La retórica contra Washington le sirve para tapar el hambre, el deterioro de los servicios y la falta de derechos, pero no cambia la realidad de fondo: Cuba continúa subordinada a un aparato que administra la escasez y usa el conflicto externo para justificar el abuso de poder.

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