Díaz-Canel vuelve al bloqueo y calla la frase de Trump

Miguel Díaz-Canel volvió a refugiarse en el discurso del bloqueo y la “asfixia energética” mientras evitó referirse a la expresión de Donald Trump sobre una “toma amistosa y controlada” de Cuba. En medio de una nueva tensión bilateral, el gobernante cubano optó por repetir la vieja línea propagandística del régimen y dejó fuera la parte que más ruido político hacía en Washington.

En un mensaje publicado en X “en nombre de Cuba”, Díaz-Canel agradeció a intelectuales brasileños por condenar lo que calificó como un “intento genocida” de Estados Unidos de “completar el ciclo estrangulador del bloqueo con la asfixia energética”. Para respaldar ese discurso remitió a una declaración de la Red en Defensa de la Humanidad – Brasil, que repite el libreto oficial de La Habana.

El texto brasileño insiste en que las sanciones estadounidenses son “anacrónicas e inhumanas”, que golpean con más fuerza a los sectores vulnerables y que cada año son condenadas por la Asamblea General de la ONU desde 1992. También sostiene que fueron impuestas en 1960 con la intención de derrocar a Fidel Castro y que se endurecieron durante el primer mandato de Trump.

La declaración citada por el gobernante cubano también enumera medidas adoptadas entre 2017 y 2020, entre ellas restricciones que alcanzaron la cooperación médica, las remesas y el turismo. En su relato, esas decisiones forman parte de una política de cerco económico que la propaganda oficial presenta como explicación total de la crisis cubana.

Pero el mensaje de Díaz-Canel llegó el mismo día en que Trump habló de una “toma amistosa y controlada” de la isla. El presidente estadounidense usó esa frase para describir el enfoque que adoptaría su administración hacia Cuba, aunque sin detallar públicamente sus alcances. Según lo dicho por Trump, el secretario de Estado Marco Rubio “está sosteniendo conversaciones con el régimen al más alto nivel”.

La reacción de La Habana revela otra vez la comodidad del régimen con su guion de siempre: culpar al embargo de todo y esconder el desastre interno que administra. Cada vez que sube la presión externa, Díaz-Canel responde con consignas sobre el bloqueo, pero evita explicar por qué la isla sigue hundida en apagones, escasez y colapso productivo bajo un modelo que no da salida.

En esa contradicción está el fondo político del episodio. El régimen necesita el bloqueo como coartada para justificar su incapacidad, y al mismo tiempo depende de esa narrativa para sostener una estructura de poder que jamás rindió cuentas por la miseria acumulada. El resultado es el de siempre: propaganda hacia afuera, silencio sobre la responsabilidad interna y una población atrapada entre la presión exterior y el fracaso doméstico.

Trump lanzó su frase, Díaz-Canel respondió con bloqueo, y el cubano de a pie sigue pagando la cuenta de ambos extremos. Uno habla de control y amistosas tomas; el otro se escuda en un enemigo externo para no asumir el costo político de un país quebrado por décadas de régimen.

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