Díaz-Canel promete cambios sin tocar el modelo

Miguel Díaz-Canel volvió a hablar de “transformar” la economía cubana ante el Consejo de Ministros, pero el anuncio dejó intactas las bases del mismo sistema que hundió al país en la crisis actual: planificación centralizada, propiedad estatal como eje y un aparato político que sigue cerrando la puerta a una reforma real.

La intervención del gobernante repite una fórmula conocida en la isla. Se enumeran crisis pasadas, se anuncian medidas parciales y se evita admitir que el problema de fondo está en el modelo. En vez de una ruptura con la estructura que ha fracasado durante décadas, el régimen insiste en administrar el derrumbe con el mismo lenguaje de siempre.

Joel Brito, director ejecutivo del Grupo Internacional para la Responsabilidad Social Corporativa en Cuba, describió el momento con crudeza en declaraciones a Martí Noticias. Dijo que Cuba llegó “al punto de no retorno” y que la salida exige una reforma estructural, no nuevos parches. Su lectura abarca lo que el poder intenta maquillar: una economía sin respuesta, una salud pública destruida, apagones constantes, falta de alimentos y una vida diaria cada vez más insoportable para la población.

Ese deterioro no es abstracto. Brito recordó que durante años muchos cubanos encontraron salida en la emigración irregular hacia Estados Unidos, una válvula que hoy está cerrada. A eso sumó la caída de las remesas, la falta de acceso al petróleo y los tropiezos permanentes de las ocho termoeléctricas, que siguen dando un problema distinto cada día. El resultado es un país estrangulado por dentro, sin capacidad de sostener su consumo mínimo ni de garantizar servicios básicos.

El economista Pedro Monreal también cuestionó la credibilidad del llamado de Díaz-Canel en un análisis difundido en X. Señaló cuatro fallas que explican la desconfianza: no reconocer la crisis estructural, evitar la palabra reforma, mantener las líneas rojas de la conceptualización y colocar al mismo equipo del Partido Comunista y del gobierno que diseñó los fracasos anteriores al frente de la supuesta salida.

Monreal fue claro al sostener que el modelo cubano no se corrige con una simple sustitución de piezas obsoletas. Ese planteamiento apunta al centro del problema político: el régimen quiere presentar como transformación lo que sigue siendo control, inmovilismo y burocracia. Mientras no haya una reforma auténtica, la economía seguirá atrapada en la lógica que la llevó al colapso.

Brito remató su diagnóstico con una idea que desnuda la fragilidad financiera del Estado cubano: el turismo colapsó, desde Miami ya no entra la misma cantidad de recursos y la bancarrota del régimen se hace cada vez más visible. En Cuba, la ruina sigue cayendo sobre la gente común, mientras la cúpula insiste en fórmulas gastadas para sostener un sistema que ya no da más.

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