Un fallo en Guiteras deja a Cuba otra vez a oscuras

Una avería en la central termoeléctrica Antonio Guiteras volvió a tirar abajo el Sistema Electroenergético Nacional este miércoles y dejó sin servicio a gran parte del occidente y el centro de Cuba, incluida La Habana. La desconexión se sintió desde Camagüey hasta Pinar del Río y, otra vez, la isla quedó rehén de una red eléctrica incapaz de sostenerse.

Román Pérez Castañeda, director técnico de la planta, explicó que la falla provocó una fuga de agua, pérdida de hermeticidad de la caldera por gases y un incendio que fue controlado sin mayores daños. La propia UNE admitió que la salida de la Guiteras sacó de servicio al sistema en una franja que va desde Las Tunas hasta Pinar del Río, con un impacto directo sobre la vida diaria de millones de cubanos.

El golpe no se limita al apagón. La interrupción afectó también la señal de Radio y Televisión, según dijo el periodista oficialista Lázaro Manuel Alonso, y el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, trató de rebajar la crisis con un escueto “compleja” en X. Detrás de esa palabra se esconde lo de siempre: un país sin respaldo energético, sin capacidad de respuesta y sin una sola explicación creíble sobre cómo piensa sostener un sistema al borde del colapso.

La propia información oficial reconoce que restablecer la generación puede tardar al menos 72 horas. En Cuba, ese dato significa más oscuridad, más comida perdida, más transporte paralizado y más hogares condenados a reorganizarse alrededor del apagón. La central Felton, aunque opera, solo aporta energía a las provincias orientales, un parche mínimo frente a una crisis que ya se volvió estructural.

Los apagones prolongados, que desde el pasado año promedian entre 15 y 20 horas diarias en buena parte del país, llegaron a su punto más crítico por la combinación de una generación destrozada y la falta de combustible. Venezuela dejó de ser el principal sostén petrolero de La Habana y México también frenó sus envíos. El resultado es el de siempre: el régimen no garantiza electricidad, no asegura combustible y traslada el costo del derrumbe a la población.

El ingeniero Jorge Piñón ya había advertido que el sistema eléctrico nacional arrastra un deterioro estructural acumulado durante décadas y que no hay solución a corto plazo. Su diagnóstico coincide con la realidad que vive la gente en la calle: una red de generación y transmisión totalmente colapsada, mantenida con remiendos que ya no alcanzan ni para disimular la ruina.

Cuba entra y sale de los apagones como si fueran una condena administrada por el propio Estado. Cada avería grande desnuda la misma verdad: el castrismo no solo administró mal la energía, también dejó morir la infraestructura del país mientras vende control político y discurso, pero entrega oscuridad, atraso y miseria.

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