Un turista mexicano que recorrió Cuba con su familia desató una ola de críticas en redes al describir los apagones, la escasez y la falta de combustible como parte normal de la visita. Su frase, “Cuba no es para exigentes”, dejó expuesta la distancia entre la postal que vende el régimen y la vida real que soportan los cubanos cada día.
El viajero, identificado como Cristopher Ar, contó en un grupo de Facebook para viajeros que los cortes eléctricos son permanentes y que, según su experiencia, se pasa más tiempo sin luz que con servicio. También afirmó que iban preparados para esa realidad, con baterías y solo el hospedaje para dormir, como si la crisis energética de la isla pudiera resolverse con previsión turística y no con decisiones de Estado que el régimen sigue postergando.
Su relato incluyó además la escasez de combustible, que encarece el transporte y provoca cierres temporales en museos, restaurantes y tiendas. A eso sumó la falta de ingredientes en la oferta gastronómica. Para un visitante con recursos, esas carencias se convierten en incomodidades manejables; para una familia cubana, son parte de una rutina marcada por el deterioro económico y por un Estado incapaz de garantizar lo elemental.
El mexicano también elogió la costumbre de “resolver”, una palabra que en Cuba suele funcionar como escudo verbal para maquillar la miseria. Dijo que, aunque falten ingredientes, se vaya la luz y no haya combustible, la gente se adapta. Esa adaptación, sin embargo, nace de la precariedad impuesta por el fracaso del régimen, que ha convertido la escasez en paisaje y la resignación en mecanismo de supervivencia.
En su paso por Varadero, Viñales y La Habana, acompañado por un guía local, el turista tuvo una experiencia mucho más controlada que la de los cubanos que no pueden moverse con dólares ni dormir en lugares con planta eléctrica. Ahí está la herida de fondo: el turismo permite esquivar por momentos el derrumbe que golpea a la población, pero no lo borra. La isla que ve el visitante no es la misma que padece quien vive entre apagones, agua escasa, transporte caro y anaqueles vacíos.
Las respuestas de cubanos en Facebook devolvieron la discusión a su verdadero terreno. Varios le recordaron que todo está caro, que faltan la corriente y el agua, y que la suciedad y las enfermedades también forman parte del día a día. Otro resumió la brecha con una frase simple: Cuba puede ser buena para quien lleva euros o dólares, pero para el pueblo es un sinvivir.
La publicación terminó haciendo más que provocar molestia: mostró hasta qué punto la miseria cubana ha sido normalizada por la propaganda, incluso desde fuera. Cuando un visitante reduce los apagones y la escasez a una anécdota tolerable, queda al descubierto el daño profundo de un sistema que obliga a los cubanos a vivir en emergencia permanente mientras el régimen intenta vender como experiencia turística lo que para el pueblo es pura supervivencia.

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