Vecinos de La Lisa salieron a la calle de noche y con calderos en la mano para protestar contra el régimen, en un video que captó gritos de “Abajo la Revolución” y “Abajo la dictadura” en medio del hartazgo acumulado en ese municipio habanero.
La grabación, difundida con el mensaje “El municipio de La Lisa protesta y pide libertad basta ya”, deja ver el clima de molestia que crece entre los residentes de la capital. Los golpes de cacerola y las consignas no surgieron de la nada: responden a una vida marcada por apagones prolongados y la escasez de productos básicos, dos golpes cotidianos que el poder sigue sin resolver.
La escena importa porque rompe el silencio que el régimen intenta imponer sobre la crisis. En una calle de La Habana, la gente convirtió la noche en denuncia y mostró que el descontento ya no se queda dentro de las casas. El cacerolazo funciona como una expresión visible de cansancio, bronca y rechazo a una realidad que aprieta cada día más.
La misma jornada dejó otras muestras de inconformidad en distintos puntos del país. En Miramar, varios residentes realizaron un cacerolazo nocturno, mientras en Ceballos, en Ciego de Ávila, vecinos salieron a las calles para protestar. El malestar se extendió más allá de un barrio y dejó al descubierto un deterioro social que el aparato oficial no logra tapar con propaganda ni con control político.
Lo ocurrido en La Lisa revela una verdad incómoda para el régimen: cuando faltan la corriente, los productos básicos y cualquier respuesta seria, la protesta se convierte en la salida más visible para una población cansada de aguantar. Cada golpe de caldero resume el fracaso de un modelo que ha llevado a los cubanos al límite y sigue exigiéndoles silencio.

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