Sandro Castro ridiculiza la crisis cubana en un video con un falso Trump

Sandro Castro volvió a escenificar la burla impune del apellido Castro sobre la crisis cubana. Esta vez apareció en La Habana en un video junto a un imitador de Donald Trump, en una parodia donde el personaje dice que quiere “comprar Cuba” y convertir el Malecón en una “Riviera de multimillonarios”.

La escena circuló en redes con el mismo sello provocador que ha hecho viral al nieto del fallecido dictador Fidel Castro: choteo, exceso y una distancia obscena con la miseria cotidiana del país. Mientras el video juega a los negocios de ricos y al lujo frente al mar, la realidad cubana sigue marcada por la falta de transporte, la escasez y el deterioro de los servicios básicos, asuntos que el propio Sandro menciona entre bromas sobre las limitaciones del país.

El falso Trump, interpretado por Roberto Ferrante, productor de Planet Records, le dice que viajó a la isla para hacer negocios y que lo escogió a él porque también es “hombre de espectáculo” y “hombre de negocios”. Luego le suelta la frase más grotesca del sketch: “Quiero comprar Cuba”. Sandro responde con incredulidad, ironiza sobre la señal telefónica, el transporte y los recursos que faltan, y termina mostrándole un triciclo eléctrico, al que presenta como “la bestia de la carretera cubana”.

El contraste visual también está calculado. El video abre con tomas aéreas de la Catedral y el Malecón habanero, y cierra con imágenes de calles sucias, con basura acumulada. Esa combinación dice más que la parodia misma: una capital arruinada, un país empobrecido y una casta acostumbrada a moverse entre privilegios, mientras el cubano común hace malabares para sobrevivir.

Las reacciones no tardaron. En redes, varios usuarios cuestionaron que el nieto del castrismo pueda jugar con este tipo de contenidos sin consecuencias, algo que cualquier ciudadano de a pie no se permitiría. El cineasta Lilo Vilaplana lo describió como una muestra de la “impunidad de los nietos del castrismo” y del “descaro institucionalizado” con que esa familia se ha apropiado del país.

Otros comentarios apuntaron al doble rasero que marca la vida pública bajo el régimen: unos son castigados por criticar, burlarse o denunciar; otros, por su apellido, convierten la humillación nacional en espectáculo y siguen intactos. Esa es la verdadera lectura política del video. No importa solo la broma sobre Trump o el negocio imaginario con Cuba. Importa que el heredero simbólico de una dinastía que ha hundido la isla en la pobreza se permita jugar con la ruina como si fuera un decorado más.

Sandro Castro lleva tiempo alimentando esa mezcla de provocación y frivolidad en redes, y cada publicación termina chocando con la misma realidad: una Cuba rota, una población agotada y una élite que sigue riéndose desde arriba mientras el país se deshace abajo.

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