La Unión Eléctrica volvió a ponerle cifra al derrumbe del sistema eléctrico cubano: este sábado prevé apagones de hasta 2,040 MW en el horario pico, con un déficit de generación que supera los 2,000 MW y deja al país otra vez a merced de la oscuridad.
Desde temprano, el parte oficial confirmó que la oferta de energía está muy por debajo de la demanda. A las 6:00 de la mañana, la disponibilidad era de 1,120 MW frente a una necesidad de 2,450 MW, un hueco de 1,326 MW que marca la jornada antes de que llegue la noche. En la práctica, eso significa horas de calor, colas, comida atrasada y barrios enteros organizando la vida al ritmo de los cortes.
El panorama se agrava en el pico nocturno. Con una demanda máxima estimada en 3,130 MW y solo 1,120 MW disponibles, el desbalance sube a 2,010 MW. La propia Unión Eléctrica calcula afectaciones de 2,040 MW si se mantienen las condiciones previstas. La cifra revela un sistema que ya no responde a la necesidad mínima del país y que sobrevive a fuerza de improvisación.
El día anterior tampoco hubo alivio. El servicio eléctrico se mantuvo con déficit durante las 24 horas y alcanzó una máxima afectación de 1,977 MW a las 7:10 de la noche, por encima de lo planificado por la entrada tardía de la Unidad 3 de la termoeléctrica de Cienfuegos. Cada una de esas fallas termina en lo mismo: casas sin luz, agua interrumpida y familias enteras obligadas a resolver lo básico sin respaldo del Estado.
La lista de averías y mantenimientos sigue creciendo. Están fuera de servicio la Unidad 5 del Mariel, las unidades 1 y 2 de Santa Cruz, la Unidad 2 de Felton y las unidades 3 y 6 de la termoeléctrica Antonio Maceo. A eso se suman trabajos en la Unidad 6 del Mariel, la 5 de Nuevitas y la 4 de Carlos Manuel de Céspedes, en Cienfuegos. Otros 336 MW permanecen limitados por fallas en la generación térmica. El deterioro ya no luce como una anomalía puntual: es la imagen de un aparato energético exhausto.
Las autoridades intentan vender los parques solares fotovoltaicos como tabla de salvación, pero los números los dejan en su sitio. Este viernes aportaron 4,119 MWh y alcanzaron una potencia máxima de 600 MW al mediodía. Esa generación ayuda, pero no compensa la caída general del sistema ni borra años de abandono, falta de mantenimiento y decisión política equivocada.
La carga más dura sigue cayendo sobre la población. En redes sociales, cubanos reportan jornadas de varios días sin electricidad ni agua, porque cuando cae la corriente también se detienen los bombeos. Laura, una madre cubana, contó que pasó cuatro días consecutivos sin luz y con el suministro de agua afectado, una escena que resume la vida doméstica en la Isla bajo el fracaso eléctrico del régimen.
La crisis ya está empujando protestas. En Morón, vecinos del barrio El Vaquerito pasaron del cacerolazo a una manifestación más fuerte, con quema de objetos frente a la sede municipal del Partido Comunista. En Unión de Reyes, Matanzas, residentes salieron a denunciar más de 45 horas seguidas sin electricidad, una situación que también los dejó sin agua por la paralización de los sistemas de bombeo.
Mientras la gente aguanta oscuridad, hambre y agua racionada, el régimen responde con actos de reafirmación revolucionaria y propaganda vacía. Los apagones ya no solo exhiben la ruina del sistema eléctrico: también muestran el costo humano de un poder que administra la escasez y deja a los cubanos sobreviviendo sin garantías elementales.

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