El preso político Roilán Álvarez Rensoler sufrió un paro cardíaco después de 48 días en huelga de hambre, según alertó Justicia 11J este jueves, en un caso que vuelve a dejar al régimen cubano frente a la vida en peligro de un opositor bajo custodia estatal. La organización informó que el huelguista tuvo que ser reanimado con un desfibrilador y permanece ingresado en el Hospital Clínico Quirúrgico de Holguín Lucía Íñiguez Landín.
La denuncia coloca el foco sobre una práctica que el castrismo ha convertido en rutina: la detención, el castigo y el aislamiento de quienes expresan rechazo político. Álvarez Rensoler, de acuerdo con la información difundida por Justicia 11J y por el opositor José Daniel Ferrer García, fue detenido, golpeado y recluido el 31 de enero por su presunta participación en la pintada de carteles antigubernamentales en Santiago de Cuba. Desde entonces sostiene una protesta extrema que ya lo dejó al borde del colapso.
La situación del preso político también expone el cerco que las autoridades levantan alrededor de los reclusos cuando su caso empieza a incomodar. Su hermana, Arianna Álvarez Rensoler, llevaba varios días tratando de verlo en el hospital y las autoridades no se lo permitían, según la misma denuncia. Ese bloqueo a la familia agrava la angustia y confirma el patrón de opacidad con que el régimen maneja los casos más delicados dentro del sistema penitenciario.
Justicia 11J pidió la excarcelación inmediata de Álvarez Rensoler y respaldó la exhortación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para que el Estado cubano lo libere de inmediato. La ONG también recordó que otras personas privadas de libertad han muerto tras declararse en huelga de hambre como último recurso de protesta ante abusos de autoridades estatales y penitenciarias.
En el fondo, el caso revela otra vez cómo responde el régimen ante la disidencia: con golpes, encierro, silencio oficial y un control tan duro que ni siquiera deja a la familia acompañar al enfermo. Mientras no existan partes médicos públicos ni información oficial sobre su situación procesal, la responsabilidad política por cualquier desenlace seguirá cayendo sobre el aparato que lo mantuvo preso, aislado y sin garantías efectivas para defender su vida y sus derechos.
La organización llamó además a gobiernos democráticos y a organismos internacionales de derechos humanos a mantener la presión sobre La Habana. En Cuba, donde la protesta pacífica suele terminar castigada en vez de escuchada, la huelga de hambre vuelve a aparecer como el último gesto de resistencia frente a un sistema que cierra todas las demás salidas.

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