Un nuevo cacerolazo sacudió la noche de este martes a Santiago de Cuba, en una protesta que volvió a dejar al descubierto el hartazgo de la gente frente a los apagones prolongados y la crisis diaria que el régimen no logra contener.
La denuncia circuló en redes sociales a través del periodista independiente Yosmany Mayeta Labrada, quien compartió un audio donde se escuchan cazuelas golpeadas por vecinos en varios puntos de la ciudad. “A caldero limpio, los santiagueros tocan esta noche de martes”, escribió al describir la acción.
En el material se distinguen varios golpes de ollas y utensilios metálicos, un gesto que se ha vuelto cada vez más visible como forma de protesta en la isla cuando cae la noche y se apagan los barrios. Con los cortes eléctricos extendidos, la cocina vacía y la tensión acumulada, el ruido de las cazuelas termina diciendo lo que muchos no pueden expresar en la calle.
La escena en Santiago no aparece aislada. Se suma a otras protestas recientes en La Habana y Morón, donde los cubanos han salido a marcar su rechazo a los apagones, la escasez de alimentos y las dificultades de todos los días. El patrón se repite porque el colapso también se repite: una población agotada y un aparato estatal incapaz de ofrecer respuestas reales.
Los cacerolazos se han convertido en una de las pocas maneras de protesta que encuentra espacio en Cuba, precisamente porque las manifestaciones abiertas siguen bajo presión y represión. El régimen carga con la responsabilidad política de haber empujado al país a una rutina de apagones, privaciones y malestar social que ya no se queda en el silencio doméstico.

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