El brote febril se extiende fuera de Matanzas

La crisis sanitaria que golpea a Matanzas ya desborda sus límites. En redes sociales, lectores dentro de Cuba reportan síntomas parecidos en La Habana, Banes y otras provincias, mientras el régimen sigue sin ofrecer una radiografía completa del alcance real del brote. Lo que comenzó como una alarma en varios municipios matanceros se ha convertido en un reflejo más del abandono sanitario que sufre el país.

Los testimonios que circulan desde la Isla coinciden en un mismo punto: fiebre alta, malestar intenso y varios días de convalecencia en hogares donde la gente enferma sin recursos para enfrentar el cuadro. Una habanera dijo haber pasado seis días “muy duros”; otro usuario de la capital aseguró estar “liquidado” por los síntomas. Ese tipo de relatos, repetidos en distintas provincias, confirma que el problema ya no se encierra en Matanzas ni puede tratarse como un episodio aislado.

La propagación encuentra terreno abonado en la suciedad acumulada, los vertederos improvisados, el agua estancada y la proliferación de mosquitos. A eso se suma una realidad todavía más cruel: la escasez de medicamentos y el sobreprecio al que se consiguen en el mercado informal. En medio de la fiebre, muchas familias cubanas terminan atrapadas entre la enfermedad y la imposibilidad de pagar el tratamiento.

La indignación ciudadana también apunta a la respuesta oficial, o a su ausencia. En los comentarios que acompañan la alarma sanitaria aparece una denuncia constante contra la pasividad de las autoridades, incapaces de limpiar, fumigar o garantizar insumos básicos mientras el brote se mueve de una provincia a otra. En un país con basura en las calles, apagones, falta de agua y un sistema de salud cada vez más desgastado, la expansión de estos síndromes febriles era cuestión de tiempo.

Hasta ahora, las autoridades sanitarias han admitido la circulación activa de dengue y otros arbovirus, pero guardan silencio sobre la magnitud real de los contagios fuera de Matanzas. En esa opacidad se sostiene buena parte del peligro: cuando el régimen oculta, minimiza o administra a cuentagotas la información, la población queda sola frente a una enfermedad que avanza sin control.

En Matanzas, municipios como Martí, Perico, Colón y Cárdenas han registrado un aumento notable de síndromes febriles, con hogares enteros afectados por fiebre alta, dolores intensos y malestar general. Zonas específicas como La Playa, Versalles y los policlínicos Carlos Verdugo, Moncada y Ramón Martínez figuran entre las más golpeadas. Las autoridades locales han confirmado la circulación de los serotipos 3 y 4 del dengue, y advierten que el serotipo 2, presente en otras provincias, podría llegar pronto. La propia población denuncia que la acumulación de basura, el agua estancada y la falta de fumigación están facilitando la propagación del virus.

La combinación de contagios, precariedad y desidia estatal vuelve a dejar al descubierto una verdad incómoda para el castrismo: cuando el Estado falla en lo básico, la enfermedad se expande con facilidad y el costo lo paga siempre el cubano común.

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