El dólar volvió a empujar hacia arriba el mercado informal cubano este martes 23 de septiembre y llegó a 427 pesos, dos más que en la jornada anterior. La subida confirma una presión sostenida sobre la moneda nacional y deja en evidencia la fragilidad de un país donde el salario y la pensión se deshacen frente a la calle.
El euro se mantuvo en 485 pesos, después del récord alcanzado el lunes, mientras la Moneda Libremente Convertible retrocedió a 205. La foto del día muestra un mercado desordenado y tenso, con una divisa europea cada vez más cara, un dólar que no cede y una MLC que sube y baja sin dar respiro a quienes dependen de ella para comprar lo básico.
Durante buena parte de septiembre, el dólar se movió cerca de los 420 pesos. Esa barrera quedó atrás el domingo y desde entonces la escalada siguió sin pausa. En apenas tres jornadas, el billete verde sumó siete pesos y dejó nuevo registro en una plaza paralela que fija, con brutal claridad, el valor real del peso cubano.
El euro amplió además su distancia frente al dólar hasta casi 60 pesos. Con 20 pesos ganados en lo que va de mes, la moneda europea se consolidó como la más cara y la más dinámica del mercado informal. La MLC, por su parte, volvió a ceder terreno después de haber tocado 210 pesos la semana pasada y 209 al comienzo de esta. Su caída a 205 confirma la volatilidad de un sistema monetario roto, sostenido sobre la improvisación y la desconfianza.
La subida del dólar golpea con más fuerza a una población ya castigada por ingresos miserables. Con pensiones mínimas de 4,000 pesos, un jubilado apenas puede acceder hoy a 9.3 dólares en el mercado informal. Esa cifra retrata el deterioro de la economía cotidiana y la condena de miles de cubanos a vivir con un ingreso que pierde valor a ojos vista.
El régimen sigue sin ofrecer una salida seria mientras el mercado paralelo dicta la ley. Cada nuevo salto del dólar confirma el derrumbe del peso cubano y la entrada del país en una etapa de mayor presión económica, con más pobreza, más dependencia de divisas y menos margen para sobrevivir con un salario estatal pulverizado.

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