Vecinas bloquean Monte en La Habana por dos semanas sin agua

Dos mujeres cerraron el paso en un tramo de la calle Monte, en La Habana, para exigir una respuesta ante más de dos semanas sin servicio de agua potable y la falta de una solución efectiva por parte del régimen. La protesta, breve pero visible, dejó al descubierto la misma realidad que viven miles de familias en la capital: promesas vacías, burocracia lenta y barrios enteros abandonados a su suerte.

Magalis Anglada contó que la medida nació de la desesperación. En su casa, en Corrales entre Aponte y Factoría, en La Habana Vieja, el agua llevaba más de 15 días sin llegar. Dijo que antes de lanzarse a la calle acudió a la delegada del Consejo Popular de Jesús María y a la presidenta del CDR, pero la respuesta fue la de siempre: esperar una pipa y resignarse a una espera que podía extenderse casi un mes.

Anglada y Maryolis Sarría colocaron pomos y cubos sobre la vía, junto a sus hijos pequeños, para impedir el tránsito en una arteria concurrida de la capital. Desde las aceras, decenas de personas miraban y grababan, pero casi nadie se sumó. La escena resume el clima de miedo y cansancio que ha sembrado el régimen: indignación compartida, pero también prudencia forzada y aislamiento frente a cualquier gesto de protesta.

La acción fue documentada por Enrique Rodríguez Díaz, quien difundió el video en redes sociales. Poco después aparecieron agentes de la PNR para intentar desmontar la protesta. Quitaron los envases vacíos de la calle y trataron de frenar la denuncia en seco, mientras las mujeres volvían a colocar los objetos en su sitio y se mantenían firmes frente a la intimidación policial.

Anglada relató que los uniformados intentaron amedrentarlas con amenazas y luego, tras la presión pública, las autoridades municipales terminaron autorizando un camión cisterna para la zona. Las manifestantes se retiraron cuando llegaron varias pipas para abastecer a la barriada de Jesús María. La respuesta llegó solo después del bloqueo, otra muestra de que en Cuba el régimen suele reaccionar cuando el conflicto ya explotó en la calle.

Luego, según denunció la propia Anglada, empezaron a aparecer “segurosos” y policías frente a su vivienda, con mensajes intimidatorios y referencias a sus hijos para presionarla. Ese hostigamiento confirma que, además de la carencia material, el cubano enfrenta la persecución política cuando se atreve a reclamar lo mínimo: agua, dignidad y una respuesta real.

El corte de calles por falta de agua se ha vuelto cada vez más frecuente en la isla, en medio de la crisis energética, la sequía y la escasez de combustible. El sistema de distribución se hunde por décadas de abandono y por la falta de divisas para importar recursos. Expertos independientes calculan que el régimen necesitaría entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para recuperar una infraestructura devastada por la desidia oficial.

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