El sacerdote Alberto Reyes volvió a poner sobre la mesa la respuesta habitual del régimen ante el malestar social en Cuba: ignorar primero, reprimir después. En una reflexión difundida en Facebook, el párroco de Camagüey denunció que el poder ha convertido la indiferencia institucional en un método sostenido para esquivar el descontento de la gente.
Reyes vinculó esa actitud con la cadena de crisis que golpea a la isla: el aumento de los virus, el colapso sanitario, la falta de medicamentos, la escasez de ambulancias y médicos en muchas zonas, el deterioro de la educación y la distancia cada vez mayor entre los salarios y el costo de la vida. Frente a todo eso, señaló, el Gobierno responde con evasivas, consignas y silencio.
El sacerdote centró su denuncia en las recientes protestas populares ocurridas en distintos puntos del país, entre ellas las de Marianao, que el aparato oficial intentó minimizar. Según expuso, el discurso del régimen rebaja esas manifestaciones a una molestia pasajera de unos pocos vecinos molestos por los apagones, mientras borra su verdadero peso político y social.
En su crítica, Reyes desmontó la fórmula propagandística con la que el poder intenta cerrar el paso a cualquier reclamo. Rechazó la idea de que se trate de simples expresiones de incomodidad y apuntó a la manipulación oficial que presenta a los manifestantes como personas sin firmeza o sin cultura de resistencia, mientras evita hablar de la represión y del despliegue policial que acompaña cada estallido.
También cuestionó la frase con que el régimen suele cerrar sus respuestas: “Estamos trabajando para dar las respuestas que el pueblo se merece”. Para el sacerdote, esa línea solo busca pedir paciencia eterna, mandar a la gente de vuelta a sus casas y maquillar una crisis que el poder no resuelve ni asume.
Reyes insistió en que la realidad cubana no desaparece por decreto ni por propaganda. Sostuvo que el pueblo lleva años exigiendo un cambio, reclamando libertad y expresando su cansancio por vías distintas, mientras el régimen lo mantiene sistemáticamente ignorado. Su advertencia final fue directa: ignorar la voz de la gente no apaga el problema, lo agrava.
La publicación reafirma el papel de voces como la de Alberto Reyes dentro de una Cuba donde el poder insiste en negar la protesta, desfigurar el malestar y sostenerse sobre la censura, la represión y el desgaste de una sociedad agotada.

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