Cuba vuelve a entrar en una jornada de apagones masivos, con una afectación prevista del 53 % del país en el horario de mayor consumo. La red eléctrica, hundida por años de abandono y falta de inversión, sigue arrastrando al día a día de la población hacia la misma escena de siempre: oscuridad, calor, parálisis y desesperación.
La Unión Eléctrica calcula para la tarde-noche una generación disponible de 1.560 megavatios frente a una demanda máxima de 3.250. De esa diferencia sale un déficit de 1.690 megavatios y una afectación estimada de 1.720, una cifra que obliga a desconectar a más de la mitad del territorio para evitar cortes todavía más caóticos.
El sistema está sostenido con alambre. Seis de las 16 unidades de producción termoeléctrica operativas están fuera de servicio por averías o mantenimientos, y 96 centrales de generación distribuida no funcionan por falta de diésel y fueloil. Otras diez permanecen detenidas por escasez de lubricantes. La infraestructura envejecida ya no responde y el país paga cada día el precio de ese deterioro acumulado.
El régimen insiste en culpar a la falta de divisas para importar petróleo y a las sanciones de Estados Unidos, pero la crisis energética responde también a una infrafinanciación crónica y al control absoluto del Estado sobre un sector que nunca ha tenido capacidad real de modernización. La propia magnitud del colapso exhibe el fracaso de un modelo que dejó al país sin respaldo, sin previsión y sin salidas.
La fuente termoeléctrica sigue aportando en torno al 40 % de la matriz energética, pero lo hace en condiciones de extrema fragilidad. Expertos independientes calculan que harían falta entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para sanear el sistema eléctrico, una cifra que confirma la profundidad del hundimiento.
Los apagones se han endurecido desde mediados de 2024 y afectan a toda la isla cada día. Su impacto va mucho más allá del malestar doméstico: golpea una economía que se ha contraído más de 15 % desde 2020, según cifras oficiales, y sigue alimentando el descontento social que ya desató las principales protestas recientes.

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