Cuba sufre colas por gasolina tras el corte venezolano

La gasolina volvió a escasear en Cuba y con ella regresó la postal de siempre: colas largas, estaciones abarrotadas y una población empujada a esperar por un combustible que el régimen no logra asegurar. El corte del petróleo venezolano destinado a la isla dejó al descubierto, otra vez, la fragilidad de una economía montada sobre dependencia externa y mala administración.

La falta de gasolina golpea de inmediato la vida diaria. El transporte se encarece, los traslados se complican y cualquier tarea mínima se vuelve una odisea. En una isla donde moverse es parte de la supervivencia, cada cierre de surtidor paraliza jornadas enteras y añade más presión a un país ya castigado por la escasez.

La responsabilidad política cae sobre La Habana, que durante años sostuvo la ilusión de una seguridad energética prestada y sin respaldo real. Cuando ese suministro se corta, el país queda expuesto, sin reservas visibles ni respuesta eficiente. La escena de las colas confirma el fracaso de un modelo que vive de la improvisación y del control, pero no resuelve las necesidades básicas de la gente.

Mientras la población hace fila bajo el peso de la carencia, el aparato estatal vuelve a mostrar su incapacidad para garantizar lo elemental. La crisis del combustible no aparece aislada: se suma a una larga cadena de privaciones que el castrismo convierte en rutina y que termina pagando, como siempre, el cubano de a pie.

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