Los conductores cubanos han quedado atrapados en una nueva trampa del derrumbe económico: para comprar gasolina, ahora deben sacar turno en una aplicación estatal y aceptar esperas que pueden irse a semanas o meses. La medida, aplicada en medio del agravamiento de la escasez de combustible, ha convertido una necesidad básica del transporte en otra fila interminable administrada por el régimen.
La orden de usar la aplicación Ticket busca evitar el caos en las gasolineras, pero en la práctica solo ha trasladado el desorden al teléfono móvil. En La Habana, varios conductores dijeron que la plataforma les asigna citas demasiado lejanas, mientras otros quedan por detrás de miles de usuarios. Jorge Reyes, un jubilado de 65 años, se registró para repostar en una estación que entrega apenas 50 turnos al día y terminó con un número superior a los 7.000. La pregunta que se impone en su caso es la de miles de cubanos más: cuándo podrán volver a llenar el tanque.
La escasez golpea más duro porque el régimen eliminó la venta subsidiada en moneda local y dejó casi todo el suministro en manos del dólar. Un litro cuesta hoy 1,30 dólares en las estaciones y puede dispararse hasta seis en el mercado negro. Con salarios estatales que apenas superan los 20 dólares al mes al cambio del mercado, el combustible quedó fuera del alcance de la mayoría. La que antes era una economía empobrecida por el control estatal terminó empujando a los cubanos a una gasolina de lujo.
La cuota también se redujo a 20 litros por compra, una cantidad que apenas alcanza para unos días de trabajo o para resolver una emergencia familiar. Ariel Alonso, un empresario, dijo que debía guardar cinco litros por si alguien en su casa enfermaba y había que llevarlo al hospital. Esa frase resume mejor que cualquier discurso oficial el nivel de precariedad al que ha sido arrastrado el país: moverse, trabajar o atender una urgencia depende de sobrevivir al racionamiento y a la improvisación del aparato estatal.
La aplicación Ticket, manejada por XETID, una empresa de software de propiedad estatal, ya operaba desde hace tres años para otros trámites y para algunas gasolineras en moneda local. Ahora se ha vuelto casi el único camino para conseguir combustible sin acudir al mercado negro. En grupos de WhatsApp, los conductores comparten pistas sobre estaciones menos saturadas o con más capacidad diaria, porque ni siquiera el sistema digital logra esconder la escasez real. La excepción son los vehículos vinculados al turismo, que conservan matrículas especiales y acceso a 44 estaciones en la isla, aunque también con un tope de 20 litros.
Detrás de esta asfixia están las consecuencias del cerco petrolero de Estados Unidos y la dependencia de Cuba de proveedores como Venezuela y México, que frenaron sus envíos tras la amenaza arancelaria de Washington. El régimen, que insiste en hablar de soberanía mientras reparte miseria y racionamiento, responde a la crisis con más control, más restricciones y más propaganda. Los apagones, la reducción de horarios en los bancos, la suspensión de combustible para vuelos y el aplazamiento de ferias y eventos confirman el mismo cuadro: una economía paralizada y un país entero obligado a hacer cola para seguir funcionando.

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