Familiares de kenianos reclutados para combatir con el Ejército ruso en Ucrania pidieron ayuda este martes y denunciaron que muchos de esos hombres fueron llevados a la guerra mediante engaños. La escena en Nairobi fue dura: padres, hermanos y esposas alzaron fotos de sus seres queridos mientras reclamaban respuestas que el Estado no les ha dado.
La denuncia apunta a una cadena de abuso que mezcla trata de personas, manipulación de la necesidad y abandono oficial. Hussein Khaled, abogado y director de Vocal Africa, habló de una crisis nacional y acusó a redes criminales y agentes sin escrúpulos de aprovecharse de políticas de empleo exterior para capturar a ciudadanos vulnerables y empujarlos al frente ruso.
Según la ONG, ya se han identificado alrededor de 18 casos de kenianos reclutados por las fuerzas rusas, aunque el Gobierno keniano había dicho en noviembre que la cifra podría superar los 200. En la propia rueda de prensa, un padre aseguró que su hijo, herido y devuelto a Kenia, calcula que unos 500 compatriotas siguen allí. Ese dato no pudo ser verificado, pero retrata el miedo y la opacidad que rodean el caso.
Los familiares describieron una realidad de abandono: algunos de los reclutados habrían recibido salario al principio y luego quedaron sin acceso al pago, atrapados en condiciones hostiles y sin apoyo. Otros han muerto en el frente o permanecen en paradero desconocido. La ausencia de información oficial deja a las familias en una incertidumbre cruel y convierte la repatriación en una urgencia humanitaria.
También pesa el silencio. Muchos de los afectados evitan hablar por amenazas de muerte de quienes los reclutaron o por temor a ser detenidos al regresar. Peter Kariuki, padre de un joven herido que volvió a Kenia, pidió garantías para quienes regresen y reclamó atención psicológica para su hijo, marcado por la ira y la ansiedad tras la guerra.
El caso ya obligó al ministro de Asuntos Exteriores de Kenia a admitir en diciembre que 18 ciudadanos habían sido “rescatados” y repatriados con éxito, mientras Nairobi decía coordinar con Moscú y Kiev el regreso de más nacionales. La presión de las familias deja al descubierto un problema mayor: ciudadanos africanos convertidos en carne de cañón para una guerra ajena, mientras el aparato estatal llega tarde y mal a protegerlos.

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