Arleen Rodríguez Derivet acabó por admitir la torpeza que desató la polémica. Dijo que su frase sobre José Martí fue dicha “a la ligera”, insistió en que nunca lo citó y aseguró que ya había pedido disculpas al aire en Radio Rebelde. La presentadora oficialista, una de las voces más visibles de la propaganda del régimen, trató de cerrar el episodio como un simple desliz, pero el comentario ya había dejado al descubierto su desconexión con la realidad del país.
La controversia nació a partir de una referencia de Rodríguez a Martí y a los apagones en Cuba, justo en medio de una crisis energética que castiga a millones de cubanos. En un extenso mensaje publicado en Facebook, la vocera explicó que su intención era señalar que el Apóstol no conoció la electricidad como servicio cotidiano. Aun así, la frase cayó mal por lo que reveló: ligereza, soberbia y una frivolidad incómoda en una figura acostumbrada a defender al régimen desde la pantalla y el micrófono.
Rodríguez también se amparó en una supuesta enseñanza de Fidel Castro sobre rectificar donde mismo se comete el error. Esa apelación dice mucho de su manera de entender el oficio: primero la propaganda, después la corrección, si llega. La periodista oficialista, que durante años ha servido al aparato mediático del castrismo, quedó obligada a explicar una frase mal calculada ante una audiencia cansada de apagones, escasez y discursos huecos.
En su mensaje, además, intentó colocarse como víctima de una “ola de odio” en redes sociales y atribuyó las críticas a quienes, según ella, están en la acera contraria de sus ideas políticas. La reacción, sin embargo, responde al hartazgo de un país hundido en la oscuridad mientras la propaganda oficial sigue pidiendo paciencia y sacrificio. El régimen ha llevado la crisis energética a un punto insoportable y luego pretende que el problema está en la indignación de la gente, no en sus propias decisiones.
La conductora también recurrió a la maniobra habitual del desvío: mencionó Venezuela, Trump, Rubio y supuestas violaciones del derecho internacional para tratar de apartar el foco de su error. Incluso insinuó que la reaparición del fragmento fue usada para opacar la Marcha de las Antorchas y el culto político que el régimen insiste en montar alrededor de Martí. Al final, cerró con una frase del Che Guevara y otro gesto conciliador, pero la esencia quedó intacta: una vocera del castrismo atrapada por su propia pifia y por la distancia cada vez más visible entre la cúpula del poder y la vida real de los cubanos.

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