Donald Trump volvió a colocar a Cuba en el centro de su discurso sobre política exterior y presión económica. El presidente estadounidense aseguró en el Despacho Oval que Washington mantiene negociaciones con el régimen de La Habana y que ambos lados están «cerca» de un acuerdo para poner fin al embargo de petróleo sobre la isla, al tiempo que dejó abierta la posibilidad de que los cubanos residentes en Estados Unidos puedan volver a visitar a sus familiares en Cuba.
Trump presentó esas conversaciones como parte de una estrategia para forzar un cambio de rumbo en la crisis cubana. Sostuvo que hay muchos cubanos que quisieran regresar al país para ver a los suyos y afirmó que su administración habla ahora mismo con los líderes cubanos. El mensaje combina presión política con un cálculo electoral evidente: capitalizar el peso del exilio cubano en Estados Unidos mientras aprieta al régimen que mantiene a la isla sumida en el colapso.
El republicano insistió además en la fragilidad económica de Cuba y la describió como una nación fallida y en bancarrota. Dijo que la isla no recibe dinero de Venezuela ni de otros países y remarcó que México dejará de enviar petróleo, en contraste con la postura del gobierno de Claudia Sheinbaum, que ha señalado que mantendrá los envíos de ayuda material por razones humanitarias mientras busca vías diplomáticas para retomar el suministro de carburante.
Trump también apeló al drama del exilio cubano para justificar su postura. Recordó a quienes salieron en balsas, cruzaron aguas infestadas de tiburones y llegaron a Estados Unidos tras huir de la dictadura. Con ese lenguaje, el presidente estadounidense presentó el posible acuerdo como una salida para quienes quedaron separados de sus familias por la represión y el fracaso del régimen de La Habana.
El tema llega en medio de una crisis económica, energética y social cada vez más profunda en Cuba. Esa situación se ha agravado desde que la isla dejó de recibir petróleo de Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, un ataque que el régimen cubano condenó tajantemente. La nueva presión de Washington añade otro golpe a una estructura ya devastada por la dependencia externa y por la incompetencia política de La Habana.

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