La dictadura cubana volvió a usar la detención como cerrojo político en Puerto Padre, Las Tunas, para impedir que el activista Vladimir Martín Castellanos pudiera encontrarse con el jefe de misión de Estados Unidos en Cuba, Mike Hammer. La Embajada estadounidense denunció que el arresto ocurrió poco antes de la visita diplomática al municipio y que, al menos en ese caso, el activista fue liberado después de que Hammer abandonó la localidad.
La propia sede diplomática aseguró que no se trató de un hecho aislado. Según su denuncia, esa misma maniobra alcanzó a otras personas que querían hablar con el diplomático. El mensaje es claro: el régimen sigue tratando cada encuentro entre cubanos y representantes extranjeros como una amenaza, y responde con vigilancia, presión y arrestos preventivos para cortar cualquier intercambio fuera del guion oficial.
En un video difundido por la Embajada, Hammer conversa en la calle con residentes, entre ellos un menor identificado como Daniel. En esa grabación, cuando pregunta por las personas que pensaba visitar, recibe una respuesta que resume el clima de intimidación que impone el aparato represivo: “Ellos me dijeron que les dijera que los detuvieron”. Esa frase revela hasta dónde llega el miedo sembrado por el poder, que convierte una visita diplomática en una operación de control político.
La hostilidad contra Hammer viene de atrás. El año pasado, en mayo, se desplegó un operativo policial frente a la casa de Martín Castellanos, y tanto él como su esposa quedaron detenidos e incomunicados para impedirles reunirse con el funcionario estadounidense. El régimen, incapaz de tolerar el contacto directo entre sus ciudadanos y una representación diplomática, recurre al cerco, la amenaza y la incomunicación como método de contención.
La tensión también ha escalado en la cancillería del régimen, que en mayo de 2025 emitió una “advertencia verbal” contra Hammer por lo que calificó de conducta “intervencionista”. En paralelo, el Departamento de Estado de Estados Unidos denunció actos de repudio organizados contra el diplomático en Camagüey y exigió que cesen de inmediato las acciones represivas destinadas a interferir con su trabajo y el de su equipo.
Hammer ha mantenido desde su llegada a La Habana en 2023 una postura pública a favor de las libertades fundamentales en Cuba. Ha denunciado detenciones arbitrarias, represión contra activistas y periodistas independientes, y ha defendido el respeto a la expresión, la reunión y el movimiento en medio de la crisis social y económica que padecen los cubanos. El régimen responde con su reflejo habitual: intimidar, aislar y castigar a quienes se salen del libreto.
Este domingo, además, se reportaron actos de repudio contra Hammer en Camagüey, con un pequeño grupo movilizado por las autoridades gritándole consignas del discurso oficial frente a su hospedaje. La escena repite un patrón viejo y gastado: movilización de testaferros, presión callejera y propaganda agresiva para tapar la fragilidad de un sistema que teme al contacto, al testimonio y a la verdad.

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