Díaz-Canel ofrece diálogo a Trump mientras Cuba entra en otro apagón

Miguel Díaz-Canel salió a pedir diálogo con Estados Unidos en una comparecencia televisada que dejó al desnudo la precariedad del régimen. Dijo que La Habana está dispuesta a conversar “sin presiones y en una posición de respeto”, pero al mismo tiempo advirtió que Cuba se prepara “por si hay que pasar al estado de guerra en cualquier momento”.

La mezcla de apertura y amenaza retrata una dirección política acorralada. Mientras el gobernante hablaba de entendimiento con Washington, también anunciaba un plan de “desabastecimiento agudo de combustible” ante el asedio petrolero impuesto por Donald Trump. Reconoció, además, que vienen “tiempos difíciles”, una frase que en Cuba siempre termina traduciéndose en más apagones, más escasez y más carga sobre una población ya exprimida.

Entre los temas que el Gobierno cubano dice estar dispuesto a tratar con Estados Unidos aparecen los asuntos migratorios, la seguridad, la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo, el medio ambiente y la colaboración científica. Díaz-Canel habló de construir una relación de “vecinos civilizada”, pero enseguida levantó el tono de guerra, vinculó su respuesta a la “agresión” estadounidense y volvió a usar el caso de Nicolás Maduro como bandera política.

La realidad que pisa Cuba es otra, mucho más dura que el discurso oficial. La comparecencia llegó después de un nuevo apagón parcial en el oriente del país, que dejó sin servicio a cerca de 3,4 millones de personas en Holguín, Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo, según la empresa estatal Unión Eléctrica.

La propia UNE explicó que la caída respondió a un disparo en una línea de alta tensión de 220 kilovatios en Holguín. Esa avería sacó del sistema a la central termoeléctrica Felton, la mayor generadora del oriente, además de otra central y una estación de motores de la misma provincia. El resultado fue el de siempre: más oscuridad sobre una red eléctrica sostenida con equipos obsoletos, roturas repetidas y falta de divisas para mantenerla en pie.

Díaz-Canel admitió también que el país ha paralizado toda su producción energética con motores de diésel y fueloil debido al asedio petrolero impuesto por Estados Unidos. Según dijo, los parques de generación distribuida, con una potencia instalada total de alrededor de 1.300 megavatios, han quedado fuera de servicio en los últimos días, pese a que en años recientes aportaban cerca del 40 % del mix energético nacional.

El golpe al suministro venezolano agrava una dependencia que La Habana arrastra desde hace años. Estados Unidos cerró el flujo de petróleo hacia la isla, interceptó siete buques petroleros y anunció sanciones para quienes suministren combustible a Cuba. Sin ese respaldo, el régimen queda expuesto a una crisis que ya no puede ocultar ni con consignas ni con comparecencias calculadas.

La isla depende en gran medida de la importación de combustible refinado para sostener la generación eléctrica, la gasolina y el combustible de aviación. Las sanciones estadounidenses y la profunda crisis económica han limitado durante años la capacidad del gobierno comunista para comprar lo necesario, obligándolo a vivir de un pequeño grupo de aliados. Con el cierre del grifo venezolano, esa fragilidad quedó a la vista, junto con la ruina de un modelo que convirtió la escasez en método de control.

Mientras Díaz-Canel habla de diálogo, el régimen también se prepara para la defensa y asegura que realiza ejercicios militares todos los sábados. Esa es la lógica del castrismo: negociar cuando aprieta la presión y blindarse con lenguaje belicista cuando ya no le alcanzan ni la electricidad ni el combustible. El país, mientras tanto, sigue pagando la factura de una cúpula que administra la crisis y pretende venderla como resistencia.

Díaz-Canel ofreció diálogo a Trump, pero advirtió que Cuba se prepara para un posible estado de guerra en medio de apagones y escasez de combustible.[18][

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