La comparecencia de Miguel Díaz-Canel dejó al descubierto, otra vez, la pobreza de respuestas del régimen frente al derrumbe económico. El economista cubano Pedro Monreal reaccionó en redes sociales a los anuncios oficiales y advirtió que las medidas apuntan a un nuevo ciclo de austeridad, con ecos directos de los peores años del Período Especial.
Monreal puso el foco en tres señales que, a su juicio, resumen el rumbo de la cúpula: un nuevo paquete de austeridad aprobado por el Consejo de Ministros, la expectativa de una importación cercana de combustibles y la insistencia en una visión caduca para reformar la planificación centralizada. Detrás de ese lenguaje técnico, lo que aparece es el mismo patrón de siempre: el régimen administra la escasez, improvisa sobre la crisis y vende como solución lo que solo prolonga el desastre.
El economista calificó el esquema energético anunciado como una versión actualizada de la “opción cero”, aquel programa extremo de racionamiento y supervivencia que se discutió en los años noventa. Su lectura es clara: el llamado plan de contingencia reproduce una lógica de emergencia permanente, donde el Estado cubano deja a la población atrapada entre apagones, desabastecimiento y una economía sin capacidad real de sostenerse.
También cuestionó la falta de urgencia diplomática frente a Estados Unidos, pese a que el propio Gobierno reconoce una carencia extrema de combustible. Monreal interpretó que La Habana parece apostar por conseguir suministradores alternativos a corto plazo, en lugar de asumir que la crisis energética exige una gestión directa y seria. Ese cálculo revela la distancia entre la propaganda oficial y la realidad que sufre la gente a pie de calle.
Su crítica no se quedó en el corto plazo. Monreal señaló que el régimen insiste en corregir las fallas de la planificación centralizada con fórmulas viejas, ancladas en modelos soviéticos de hace seis décadas. Mencionó incluso las reformas Liberman-Kosygin, como ejemplo de una obsesión por resucitar esquemas agotados que la historia ya condenó.
Un día antes, el economista había escrito que el anunciado plan de contingencia podía empujar al país hacia una nueva depauperación social. En otro mensaje alertó, además, que ese rumbo agravaría la crisis heredada del fracaso del “ordenamiento” económico y podría disparar otra vez la inseguridad alimentaria, en medio de la incompetencia de la política agropecuaria del régimen.
La lectura que deja Monreal es incómoda para la narrativa oficial, pero coincide con lo que millones de cubanos viven cada día: apagones prolongados, falta de combustible, inflación y hambre. Mientras Díaz-Canel habla de contingencias y ajustes, el régimen vuelve a demostrar que su modelo no corrige nada. Solo reparte penurias, alarga la agonía y condena al país a sobrevivir entre ruinas.

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