Casa Blanca insiste en negociaciones con Cuba y presiona a La Habana

La Casa Blanca volvió a meter a Cuba en el centro de su discurso político al insistir en que ya existen negociaciones con el régimen, una afirmación que La Habana sigue negando. Karoline Leavitt, portavoz presidencial, dejó claro que Donald Trump mantiene su apuesta por la diplomacia, pero desde una posición de presión abierta sobre un poder cubano que Washington presenta como agotado y al borde del colapso.

Leavitt habló con un tono duro y pidió prudencia a las autoridades de la isla en sus mensajes dirigidos al presidente estadounidense. La frase no fue un detalle menor: marcó la línea de una Casa Blanca que combina el gesto de diálogo con una lectura áspera sobre la debilidad del régimen. Desde Washington se da por hecho que el contacto existe; desde La Habana, Miguel Díaz-Canel insiste en que no hay negociaciones formales, aunque admite disposición a hablar sin coerción y bajo condiciones de respeto e igualdad.

En esa pulseada quedó también la respuesta del propio Trump, que aseguró que ya se estaba hablando con representantes de Cuba. El cruce de versiones exhibe una vez más la distancia entre el relato oficial del régimen y la presión política que llega desde Estados Unidos, donde la administración republicana usa el lenguaje de la diplomacia sin renunciar a la amenaza.

El telón de fondo es una economía cubana más asfixiada por el corte del suministro de petróleo desde Venezuela, tras la captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos a principios de enero, según recoge el material. Esa ruptura agravó la crisis de la isla y redujo aún más el margen de maniobra de La Habana. A eso se suma la orden ejecutiva firmada por Trump la semana pasada para sancionar a todos los países que envíen crudo a Cuba, una medida que aprieta el cuello del régimen en uno de sus puntos más sensibles.

La escena deja a la vista un poder cubano acosado por fuera y debilitado por dentro. Washington empuja con presión política y económica, mientras La Habana trata de sostener un discurso de soberanía que choca con la fragilidad de su aparato. La Casa Blanca habla de negociación; el régimen responde con negaciones y condiciones. Entre ambos extremos, la crisis cubana sigue profundizándose sin que el castrismo consiga ocultar su derrumbe.

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