El régimen cubano prepara un programa especial sobre la crisis del combustible

El aparato oficial del régimen volvió a mover su maquinaria propagandística para administrar la crisis del combustible que ya golpea la vida diaria en toda la isla. La Mesa Redonda anunció una emisión especial para “informar sobre las medidas” que se adoptarán ante la “actual situación”, un eufemismo repetido para vestir de normalidad un colapso energético que el poder ya no puede ocultar.

En la transmisión deben comparecer el viceprimer ministro Oscar Pérez-Oliva Fraga y los ministros de Trabajo, Transporte, Educación Superior y Educación. La sola lista de funcionarios involucrados deja claro el alcance del apagón económico que arrastra al país: transporte, centros de estudio y actividad laboral dependen ahora de decisiones improvisadas desde arriba, mientras el régimen intenta contener el malestar con una puesta en escena televisiva.

La convocatoria difundida en redes no adelanta medidas concretas. Se limita a prometer explicaciones sobre lo que el Estado dice estar haciendo frente al escenario energético, siempre bajo el mismo discurso de culpar a las “agresiones estadounidenses” y esquivar la responsabilidad del desastre interno. Esa es la fórmula habitual de la dictadura: convertir su propia incapacidad en relato político y presentar la escasez como una consecuencia ajena.

La comparecencia llega después de que Miguel Díaz-Canel reconociera que la isla ha regresado a los años duros del Período Especial. El gobernante admitió además que desde diciembre de 2025 no entra petróleo a Cuba desde Venezuela y que el Consejo de Ministros aprobó directivas para enfrentar el desabastecimiento agudo de combustible. Es una confesión brutal del derrumbe energético que padecen millones de cubanos, sin soluciones a la vista ni margen para la fantasía oficial.

Las consecuencias ya se sienten en las calles y en las aulas. Varias provincias suspendieron salidas de ómnibus nacionales y las universidades reordenaron sus clases. Granma, Las Tunas, Camagüey y Holguín también han debido interrumpir sus servicios de transporte interprovincial por la crisis energética. Cada una de esas medidas confirma lo mismo: el país se paraliza mientras el régimen sigue administrando el fracaso con discursos y comparecencias.

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