Miguel Díaz-Canel salió este martes a culpar a Estados Unidos por la economía hundida de Cuba, justo cuando el país seguía a oscuras por una nueva caída del sistema eléctrico y crecían los cacerolazos contra el régimen en La Habana y Santiago de Cuba. El mensaje del gobernante llegó como respuesta al cruce de declaraciones que volvió a tensar la relación con Washington, pero también dejó al descubierto la misma salida de siempre: descargar sobre otro país la ruina que el castrismo ha prolongado durante décadas.
En su publicación en redes sociales, Díaz-Canel repitió el libreto de la propaganda oficial. Acusó a Washington de amenazar “casi a diario” con derrocar el orden constitucional cubano y de usar como pretexto la “debilitada economía” de la isla. También insistió en que Estados Unidos pretende adueñarse del país, sus recursos y su economía, mientras presentó el embargo como una “feroz guerra económica” contra la población.
El problema es que esa narrativa choca con una realidad que ya no cabe en consignas. Cuba atraviesa una crisis energética asfixiante, con apagones prolongados en todo el territorio y un colapso reciente del sistema eléctrico que dejó a millones sin servicio. En paralelo, el país carga con una economía que no levanta cabeza y con una dependencia histórica de subsidios externos, primero soviéticos y después venezolanos, como reconoció Marco Rubio al hablar de un modelo que no funciona.
La respuesta de Díaz-Canel llegó además después de nuevas declaraciones desde Washington. Donald Trump llamó a Cuba una “nación fallida” y sugirió que Estados Unidos podría “hacer lo que quiera” con la isla si ocurre un cambio político. Rubio, por su parte, pidió cambios profundos en la dirección del país para que la crisis encuentre una salida real. El gobernante cubano quiso vender resistencia, pero lo que quedó en primer plano fue otra imagen mucho más dura: un régimen encerrado en su discurso mientras la gente pasa las noches sin luz y protesta en la calle.
En medio de esa presión, el propio Díaz-Canel habló de contactos entre ambos gobiernos y describió esas conversaciones como una “primera fase”. Es decir, mientras el poder intenta aparentar firmeza hacia afuera, también busca una vía de escape en la mesa bilateral. Esa contradicción revela la fragilidad política de La Habana y la dependencia de un sistema que, incapaz de sostener la vida cotidiana, se refugia en el enemigo externo para no responder por su fracaso interno.
La frase final del gobernante, sobre una “resistencia inexpugnable” frente a cualquier agresor externo, suena más a consigna defensiva que a liderazgo. Cuba está sin electricidad en buena parte del país, con el malestar creciendo y con una economía debilitada que el régimen se niega a asumir como consecuencia directa de su modelo centralizado, improductivo y agotado. Mientras tanto, la cuenta la sigue pagando la población.
Díaz-Canel culpó a Estados Unidos por la crisis económica cubana mientras el país seguía sin electricidad y crecían los cacerolazos contra el régimen.[8][

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