Las fuerzas militares estadounidenses abordaron en el océano Índico al petrolero Aquila II, una embarcación sancionada por Washington, después de rastrearla desde el Caribe. El Pentágono confirmó la operación y aseguró que el barco había desafiado la llamada cuarentena establecida por el presidente Donald Trump para los buques castigados en esa ruta.
La maniobra encaja en la ofensiva de la administración republicana contra la red de petroleros que sostiene el comercio opaco de crudo en la región. El Aquila II navegaba bajo bandera panameña, pertenece a una empresa con dirección en Hong Kong y acumula sanciones estadounidenses por el envío de petróleo ruso ilícito. Los datos de rastreo indican además que pasó buena parte del último año con el transpondedor apagado, una práctica usada para borrar la ubicación real de los buques y facilitar el contrabando.
Según el Pentágono, el barco “corrió y nosotros lo seguimos”. Estados Unidos no informó de una confiscación, aunque sí habló de una interdicción marítima con derecho de visita. En esta operación, el Comando Sur no ofreció más detalles y se limitó a remitir a la publicación oficial en redes sociales.
El caso vuelve a colocar bajo presión la maquinaria petrolera que Washington dice querer estrangular desde la caída de Nicolás Maduro, con el control de la producción, la refinación y la distribución de los hidrocarburos venezolanos como objetivo declarado. La misma estrategia incluye golpear los envíos que alimentan a Cuba, un país asfixiado por las sanciones y dependiente del petróleo que le llega desde aliados como México, Rusia y Venezuela.
Trump ha dejado claro que pretende cortar ese flujo hacia la Isla. También firmó una orden ejecutiva que impondría aranceles sobre productos de países que vendan o suministren petróleo a Cuba, con México como uno de los blancos principales por su papel de salvavidas energético del régimen de La Habana.

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