La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum ha salido en defensa del régimen cubano en uno de los momentos más duros de la crisis energética y humanitaria en la isla. Su discurso, cargado de respaldo político a La Habana, llega acompañado de una promesa de más ayuda y de gestiones para reactivar los envíos de combustible, pese a las advertencias de Washington.
Sheinbaum calificó de “injustas” las presiones de Estados Unidos para frenar o bloquear los suministros de petróleo a Cuba y sostuvo que no se puede “ahorcar a un pueblo así”. Con esa postura, México se coloca del lado de la dictadura castrista en medio de una política estadounidense que busca aumentar el costo del sostenimiento externo del régimen.
El apoyo mexicano no se ha quedado en declaraciones. El país envió recientemente dos buques de la Armada con más de 800 toneladas de alimentos, productos básicos y artículos de higiene destinados a paliar la escasez que golpea a los cubanos. La asistencia, presentada como gesto humanitario, también sirve de oxígeno político para una cúpula que ha llevado a la población a vivir entre apagones, carencias y colapso de servicios.
Miguel Díaz-Canel agradeció públicamente a Sheinbaum y extendió el reconocimiento a la Secretaría de Relaciones Exteriores mexicana y al partido gobernante. El gesto confirma la sintonía entre ambos gobiernos y deja claro que la dictadura cubana sigue encontrando aliados dispuestos a sostenerla, aun cuando la crisis interna se agrava y el pueblo cubano paga el precio del derrumbe económico.
En paralelo, fuentes diplomáticas señalan que México busca fórmulas para reanudar el suministro de petróleo a Cuba sin sufrir represalias comerciales de Estados Unidos. Washington ha amenazado con aranceles a países que mantengan el abastecimiento energético a la isla, en un intento por cortar una de las muletas que todavía sostienen al aparato castrista.
La presión estadounidense también ha golpeado el flujo de crudo venezolano, otro sostén tradicional de La Habana. En ese tablero, Sheinbaum propone a México como intermediario entre ambos gobiernos, mientras insiste en preservar los vínculos comerciales con Estados Unidos. El resultado es una jugada diplomática que, en la práctica, busca blindar al régimen cubano frente al aislamiento que le impone su propia ruina.

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