Cuba impone recortes de transporte y combustible por la crisis energética

Cuba amaneció otra vez ajustando la vida de la gente a punta de escasez. La crisis energética forzó al régimen a imponer medidas de emergencia que reducen el transporte público, restringen la venta de combustible, empujan el teletrabajo y mandan las clases a distancia en medio de una rutina ya marcada por apagones diarios, inflación y carencias de todo tipo.

En La Habana, el movimiento fue más lento de lo habitual y la ausencia de ómnibus se sintió de inmediato. Rosa Ramos, una enfermera de 37 años, pasó más de una hora tratando de conseguir un taxi o un autobús para llegar al trabajo. El testimonio resume el castigo cotidiano que estas decisiones descargan sobre quienes dependen de un transporte que casi nunca responde y ahora queda todavía más recortado.

Las disposiciones aprobadas por el régimen incluyen menos viajes entre provincias por ómnibus y trenes, cierre temporal de algunas empresas estatales, teletrabajo y una semana laboral reducida a cuatro días. Óscar Pérez-Oliva Fraga explicó que el objetivo es sostener la producción de alimentos, la generación eléctrica y las actividades que aportan divisas, con el tabaco entre las prioridades señaladas. La explicación oficial confirma la precariedad de un sistema que solo logra mantenerse cerrando, frenando y limitando.

El golpe también alcanza al turismo, una de las pocas vías de entrada de divisas que todavía intenta sostener la economía cubana. Las autoridades informaron a las aerolíneas que operan en la isla que el suministro de combustible quedará congelado durante un mes. Air Canada suspendió sus vuelos y anunció que enviará aviones vacíos para recoger a unos 3.000 clientes. Air France, Iberia y Air Europa comenzaron a preparar escalas en otras naciones del Caribe para seguir operando.

Al mismo tiempo, el gobierno ordenó el cierre de algunos hoteles con baja ocupación y la reubicación de turistas. Trabajadores del sector confirmaron cierres en Varadero y en otras provincias, una señal más de la fragilidad de una industria que el castrismo presenta como salvación, pero que también queda atrapada en su propia incapacidad para sostener servicios elementales.

La presión sobre universidades y familias añade otra capa de desorden. Las casas de altos estudios funcionan a distancia o en modalidad semipresencial, mientras estudiantes como Maura Linsay Pérez, de 18 años y alumna de la Universidad de La Habana, expresan inseguridad sobre lo que ocurrirá con el semestre. En la Cuba de hoy, estudiar, trabajar o moverse de un punto a otro depende de una improvisación permanente que el régimen intenta vender como resistencia.

La raíz del problema está en una economía asfixiada, en el corte del petróleo venezolano y en la falta de combustible que, según expertos en seguimiento marítimo, lleva semanas sin entrar al país por la vía habitual. A eso se suma la presión de Washington sobre quienes suministren petróleo a La Habana. México envió dos barcos con más de 800 toneladas de ayuda humanitaria, mientras Moscú habló de medidas asfixiantes y dijo que estudia soluciones con sus amigos cubanos.

Bruno Rodríguez repitió que el objetivo de Estados Unidos es doblegar la voluntad política de los cubanos, pero el derrumbe visible se mide en calles vacías, rutas recortadas, hoteles cerrados, aerolíneas en retroceso y trabajadores obligados a reorganizar su vida sobre la marcha. La crisis energética ya dejó de ser un problema sectorial: es otra demostración de que el régimen solo administra el colapso y traslada el costo a la población.

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