Iberostar y Valentín comenzaron a cerrar hoteles en Cuba y con eso quedó claro que el golpe al turismo ya no se limita a Meliá. La decisión llega en medio de la crisis energética que ahoga al país, deja sin combustible suficiente la operación hotelera y sigue vaciando una industria que el régimen presenta como salvavidas económico.
La noticia salió a la luz a través de Ultima Hora, que informó sobre el cierre de algunos establecimientos de ambas cadenas mallorquinas para “optimizar la gestión del combustible disponible” y ajustarse a la caída de la demanda turística. En el caso de Valentín, el cierre confirmado fue el del Valentín Perla Blanca, en Cayo Santa María. Iberostar, que administra 35 hoteles en la Isla, también entró en ese recorte forzado.
El movimiento agrava una cadena de retrocesos que ya venía marcando el sector. Meliá había anunciado el cierre de tres de sus hoteles dentro del plan de “compactación” impulsado por las autoridades turísticas cubanas. Ahora se suman más marcas extranjeras a una contracción que desnuda la fragilidad de un modelo dependiente de combustible, vuelos y una demanda que sigue en picada.
La suspensión total de las operaciones de Air Canada, WestJet y Air Transat terminó de hundir el cuadro. El propio sector la describió como “la estocada definitiva” para un turismo que venía en caída libre. El dato es duro: casi la mitad de los visitantes que recibió Cuba en 2025, unos 754.000, eran canadienses. Con ese mercado fuera, los hoteles se quedan sin clientes y la operación deja de sostenerse.
La crisis expone otra vez la responsabilidad del régimen en el colapso de su principal fuente de divisas. Sin combustible para mover aviones, sin electricidad estable y sin logística suficiente, Cuba se vuelve un destino cada vez menos viable. La factura la pagan las cadenas extranjeras, pero también la población, atrapada en un país paralizado por la misma escasez que ahora vacía los hoteles.
Aun así, algunas compañías intentan proyectar estabilidad. Ávoris, del Grupo Barceló, asegura que no piensa abandonar Cuba y que seguirá pendiente de la evolución de la crisis. Barceló mantiene abiertos sus dos hoteles en Varadero, Roc Hotels conserva tres establecimientos en la Isla y Blau opera otros tres entre La Habana y Varadero. Todos dependen, sin embargo, de la misma realidad: vuelos, combustible y un país que hoy no garantiza ninguno de los dos.
La imagen final es la de un destino que se apaga mientras el régimen insiste en sostener, con propaganda y retórica oficial, un sector cada vez más desgastado. Cierran hoteles, se cancelan vuelos y cae la demanda. Lo que queda a la vista es una economía quebrada y una industria turística atrapada en la misma ruina que castiga a los cubanos de a pie.

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