María Cristina Garrido recibe su primer pase tras casi cinco años presa

La escritora y presa política María Cristina Garrido Rodríguez salió por primera vez de prisión en un pase penitenciario, después de 4 años y 7 meses encerrada por su participación en las protestas del 11 de julio de 2021 en Quivicán. El alivio de unas horas fuera de la cárcel no borra la realidad central: sigue cumpliendo una condena de 7 años impuesta por el régimen cubano.

Garrido, que también es directora ejecutiva del Partido Republicano de Cuba, volvió a colocarse en el centro de una denuncia que el castrismo ha intentado sofocar con juicio y castigo. Su caso es uno de los rostros femeninos más visibles de la represión posterior al 11J, cuando el Estado respondió a las protestas con procesos penales diseñados para desactivar la calle y sembrar miedo.

La sanción contra la poeta se sostuvo en cargos como desórdenes públicos, desacato y atentado, figuras usadas de forma recurrente contra manifestantes del estallido popular. Su hermana Angélica Garrido recibió también una condena de 3 años, una señal más del alcance familiar del castigo político que aplicó el aparato judicial del régimen.

Después de su detención, Garrido contó a su esposo que fue agredida en el centro penitenciario conocido como La prisión del Sida, en San José de las Lajas. Según su relato, la golpearon, la dejaron en condiciones humillantes y la encerraron en un calabozo de tortura donde apenas podía sentarse o acostarse. Esa denuncia retrata el trato brutal que reciben muchos presos políticos en Cuba, lejos de cualquier garantía mínima de dignidad o debido proceso.

Su nombre alcanzó proyección internacional cuando The Washington Post describió que fue enviada a una celda de castigo con heces en el suelo después de negarse a gritar “¡Viva Fidel!”. El detalle importa porque exhibe el componente político y disciplinario de la represión: no solo se castiga la protesta, también la negativa a rendir pleitesía al relato oficial.

Tras este pase, Garrido deberá regresar a prisión el próximo miércoles para continuar cumpliendo la sanción. Mientras tanto, sigue escribiendo poesía desde la cárcel, con textos sobre la libertad, la maternidad y la experiencia del encierro, una forma de resistencia civil que el régimen no ha logrado apagar.

Estados Unidos y varias organizaciones de derechos humanos han pedido su liberación y la del resto de los presos políticos cubanos. El caso vuelve a dejar al descubierto una verdad incómoda para La Habana: detrás de cada condena del 11J hay un intento de convertir la disidencia en delito y la conciencia en amenaza.

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