Un agente del MININT se presentó en la casa de Anna Sofía Benítez Silvente, conocida en redes como Anna Bensi, para entregar una citación a su madre en medio de una nueva maniobra de presión política contra la joven habanera. El operativo, denunciado públicamente por la propia familia, volvió a dejar al descubierto el método del régimen: usar uniformes, intermediarios y amenazas veladas para castigar a quienes hablan en voz alta.
El suboficial Yoel Leodan Rabaza Ramos, identificado con chapa 179542, llegó vestido de civil durante la tarde del 10 de marzo. Según el testimonio divulgado, fue él quien llevó el documento y admitió que la orden venía de la Seguridad del Estado, aunque intentó despegarse de la citación diciendo que solo cumplía instrucciones. Esa frase lo retrata con claridad: el aparato represivo manda, otros ponen la cara y la familia paga la intimidación.
Anna mostró en video el momento en que dos hombres acudieron a su vivienda. En las imágenes aparece Rabaza Ramos acompañado por otro individuo que nunca se identificó y que permaneció de espaldas durante todo el intercambio. La escena confirma una práctica vieja del castrismo: actuar con nombres incompletos, rostros escondidos y documentos diseñados para sembrar miedo sin dejar demasiadas huellas.
La propia Benítez y su madre cuestionaron irregularidades en la citación. El papel mencionaba a un “capitán Alberto” sin apellido, mientras la firma correspondía a un “capitán Rafael”. Además, el espacio donde debía figurar el motivo de la comparecencia estaba en blanco. La citación, entregada para presentarse al día siguiente a las dos de la tarde, también fue rechazada en el acto por no respetar el plazo de 72 horas que la familia considera obligatorio.
El caso importa porque no se trata solo de una joven que publica videos sobre apagones, salarios miserables y falta de libertades. Se trata de una familia bajo presión por el ejercicio de la palabra, y de un régimen que sigue ampliando su castigo hacia el entorno de quienes critican la realidad cubana. Anna, de 21 años, ganó visibilidad precisamente por contar lo que millones viven en silencio y por exponer el costo de estudiar, trabajar y sobrevivir dentro de la Isla.
Ella misma ha dicho que no piensa callarse y que su presencia en redes busca despertar conciencia entre otros jóvenes. Esa postura ya le ha costado interrupciones del internet y presiones laborales que terminaron en la pérdida de su empleo, de acuerdo con lo que ha relatado. La citación a su madre encaja en ese patrón de represalia: cuando el poder no logra doblegar a la persona, estira el brazo hacia la familia.
La denuncia se suma a otras advertencias recientes sobre hostigamiento contra parientes de jóvenes que producen contenido crítico. Integrantes del proyecto digital Fuera de la Caja afirmaron este martes que agentes de la Seguridad del Estado también han ido tras familiares suyos para intimidarlos por publicaciones en redes. La coincidencia revela un mismo guion represivo: amedrentar, aislar y hacer pagar el costo de hablar.
En Cuba, ese mecanismo sigue funcionando porque el régimen convierte la policía política en herramienta de disciplina social. No busca solo controlar protestas o juicios; persigue mensajes, videos, opiniones y hasta el entorno doméstico de quien se atreve a señalar la podredumbre cotidiana. El caso de Anna Bensi lo confirma con una claridad incómoda para La Habana: el miedo sigue siendo una de las pocas respuestas que el poder ofrece a la libertad de expresión.
Un agente del MININT fue identificado tras presentarse en la casa de Anna Bensi para citar a su madre, en otra maniobra de presión política contra la joven.[7][

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