Cubanos retoman a pie su ruta por México tras caer otra caravana

Los cubanos que quedaron varados en Tapachula volvieron a echarse a la carretera después de que fracasara la salida de la nueva caravana migrante. La convocatoria, prevista para el 30 de octubre, apenas reunió a seis personas en el parque Bicentenario, lejos de las unas 600 que se esperaban. El resto optó por seguir por su cuenta, en grupos pequeños, rumbo al norte de México.

La imagen vuelve a ser la misma: migrantes cubanos caminando bajo el sol, sorteando retenes y buscando una salida que no encuentran ni en la frontera ni en los trámites. En vez de una caravana organizada, el avance quedó reducido a tramos a pie por la carretera costera y desvíos por la vía del tren, con la idea de llegar a Ciudad de México, Saltillo o Nuevo León.

Douglas Brian Velázquez, citado por Diario del Sur, explicó que la desconfianza terminó por vaciar la convocatoria. Dijo que este año al menos siete caravanas fueron desintegradas por las autoridades mexicanas y que muchos todavía cargan el cansancio de caminatas anteriores. Su testimonio retrata el desgaste acumulado de una ruta marcada por el engaño, la espera y la persecución administrativa.

En el caso de los cubanos, el encierro no empieza en la frontera mexicana, pero sí se multiplica allí. Llegan escapando del desastre de la isla y terminan atrapados en otro laberinto: citas que no avanzan, trámites interminables ante la Comar y el Instituto Nacional de Migración, y denuncias de corrupción y sobornos para mover expedientes. La promesa de regularización se convierte en otra forma de abandono.

La frustración también se alimentó de lo vivido en movilizaciones anteriores. En octubre, más de mil cubanos participaron en una caravana que fue frenada por operativos y enfermedades; después, solo la mitad logró avanzar más allá de Pijijiapan. Aquella experiencia dejó cansancio, desamparo y una certeza amarga: ni el viaje colectivo ni la ruta individual garantizan una salida limpia de la frontera sur mexicana.

Lorena, migrante hondureña también citada por el diario, resumió la sensación común entre quienes decidieron seguir andando: “Estamos evadiendo a las autoridades otra vez, no nos queda de otra, ya que no nos dieron papeles ni apoyo”. Su frase encaja con el ánimo de los cubanos que llevan meses, algunos más de un año, esperando una respuesta que no llega.

Tapachula se ha convertido así en una estación de castigo para miles de personas, incluida una parte importante del éxodo cubano. Allí se acumulan la precariedad, la incertidumbre y la desprotección, mientras el régimen de Miguel Díaz-Canel sigue produciendo más salidas por hambre, miedo y ruina económica. Cada cubano que retoma la ruta por México lleva encima esa huida forzada y la evidencia de un país que expulsa a su gente.

Aun con los pies llagados y el cuerpo agotado, muchos prefirieron volver a caminar. Lo hacen sin caravana, sin garantías y sin la menor confianza en las instituciones que deberían ordenar su tránsito. Lo que queda es una marcha de supervivencia, empujada por el fracaso de dos sistemas: el que vació Cuba y el que le cerró el paso al migrante en México.

Acerca de Redacción 4173 Artículo
Publicamos noticias, crónicas y reportajes de actualidad cubana. Nos define la integridad periodística, la veracidad y la calidad de nuestra información.

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta