Marco Rubio llevó este martes a la Conferencia de Seguridad de Múnich una nueva carga contra la cúpula que domina Cuba: dijo que sus dirigentes prefieren mantener un país moribundo antes que permitirle prosperar. La frase apunta al centro del problema cubano, donde el poder político sigue por encima de la economía y de la vida diaria de la gente.
El secretario de Estado estadounidense afirmó que el problema fundamental de Cuba es que “no tiene economía” y que quienes controlan la Isla no saben cómo mejorar la vida cotidiana sin ceder poder sobre los sectores que manejan. Esa declaración retrata con crudeza el modelo castrista: un sistema que protege la estructura de mando aunque la población pague el costo en salarios hundidos, servicios rotos y escasez permanente.
Rubio insistió en que el régimen quiere controlarlo todo y que, ante oportunidades para abrir la economía o introducir reformas, no ha mostrado disposición real para hacerlo. En su lectura, las élites gobernantes han condenado al país al estancamiento porque anteponen el monopolio político a cualquier cambio que alivie la crisis y devuelva oxígeno a la sociedad cubana.
Sus palabras llegan en medio de una Isla castigada por la falta de combustible, los apagones prolongados y las trabas para sostener servicios básicos. Ese cuadro golpea de frente a las familias cubanas y confirma lo que el régimen intenta maquillar con propaganda: la ruina no es un accidente, es la consecuencia de un poder que se aferra al control absoluto.
Rubio ha sido una voz constante en la línea de presión de Washington contra La Habana y ha descrito al castrismo como un “régimen desastre” responsable de la escasez, la emigración masiva y el deterioro social. Su mensaje en Múnich vuelve a dejar claro que mientras el poder siga cerrando la puerta a reformas y libertades, Cuba seguirá atrapada en la crisis que la dictadura alimenta y administra.

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