El Gobierno de Costa Rica pidió a sus nacionales abandonar Cuba mientras todavía existan vuelos comerciales y recomendó suspender los viajes no esenciales a la Isla, golpeada por una escasez cada vez más dura de combustible, electricidad, alimentos, agua y medicamentos. La advertencia confirma hasta qué punto el colapso cotidiano ya trasciende a los cubanos y alcanza a extranjeros y aerolíneas que operan bajo las mismas carencias que el régimen intenta maquillar.
La Cancillería costarricense difundió el aviso tras describir el deterioro de las condiciones de abastecimiento y las interrupciones del servicio eléctrico. También admitió que, en caso de una emergencia, su capacidad para evacuar ciudadanos sería muy limitada porque no dispone de los recursos económicos ni materiales para una operación de ese tipo. En la práctica, el mensaje deja a sus nacionales una instrucción simple: salir ahora, antes de que Cuba cierre todavía más sus márgenes de movilidad.
Ese tipo de alerta diplomática no aparece por capricho. Responde a una realidad que el castrismo ha convertido en rutina nacional: apagones, desabastecimiento y una infraestructura incapaz de sostener lo más básico. Cuando una cancillería extranjera aconseja no viajar a la Isla por el deterioro de la vida diaria, lo que queda expuesto es el fracaso del aparato estatal para garantizar condiciones mínimas de estancia, transporte y seguridad.
La señal costarricense llega después de movimientos parecidos en la región. A finales de enero, Argentina también pidió a sus ciudadanos evitar viajes turísticos a Cuba por el deterioro de las condiciones de vida, y recomendó a quienes ya residen allí seguir de cerca la evolución de la situación. Poco después, LATAM Airlines Perú suspendió sus vuelos entre Lima y La Habana por la imposibilidad de repostar en la capital cubana.
La crisis energética ya ha desordenado además las operaciones de otras aerolíneas. La Embajada de Rusia en Cuba informó que Rossiya Airlines y Nordwind Airlines hicieron ajustes forzosos en sus programas de vuelo por dificultades para reabastecer aviones en la Isla. WestJet Airlines y Air Transat también anunciaron suspensiones temporales, al igual que Air Canada días antes. El resultado es el mismo: un país cada vez más aislado, donde hasta volar depende de una logística que el régimen no logra sostener.
Para los cubanos, la consecuencia es conocida y más amarga aún: más escasez, menos conectividad y más abandono. Para los extranjeros que todavía viajan a la Isla, la advertencia oficial de Costa Rica sirve como una confirmación externa de lo que dentro del país ya se vive a diario. Cuba sigue siendo presentada por el poder como destino controlado y estable, pero los hechos muestran un territorio donde faltan recursos, sobra improvisación y la salida, cuando aún existe, se vuelve una carrera contra el deterioro.

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