Sherritt suspende su operación en Moa por falta de combustible

La minera canadiense Sherritt frenó sus operaciones en Moa tras no cumplirse las entregas de combustible previstas para su complejo en Cuba. La suspensión golpea a la mayor inversión extranjera del país y deja otra señal del deterioro energético que arrastra el régimen, incapaz de garantizar el abastecimiento mínimo para sostener una actividad clave.

La empresa informó que la próxima semana pausará la extracción minera y pondrá en espera la planta de procesamiento, mientras ejecuta tareas de mantenimiento ya previstas. También aclaró que Energas, la empresa mixta en la que participa, seguirá operando sin impacto inmediato. Esa diferencia apunta al verdadero problema: la falla está en el suministro que debía asegurar La Habana, no en un tropiezo aislado de la compañía.

Sherritt recibió la notificación de que los envíos destinados a Moa no se cumplirán y aún no hay fecha para reanudarlos. La firma aseguró que sigue en contacto con sus contrapartes y evalúa opciones para sostener la producción, preservar la liquidez y buscar financiamiento temporal. Al mismo tiempo, descartó efectos inmediatos en su refinería de Fort Saskatchewan, en Canadá, donde continúa produciendo níquel y cobalto.

El parón en Moa importa por lo que revela sobre Cuba. Allí se concentra una de las pocas operaciones extranjeras capaces de mover industria y divisas en la isla, y su freno confirma que la crisis de combustible ya desbordó el transporte y la vida diaria. Cuando una inversión de ese tamaño queda a merced de entregas que no llegan, el mensaje para cualquier capital foráneo es claro: en Cuba no existe garantía elemental de abastecimiento.

Hace dos semanas, el propio Gobierno cubano adelantó un paquete de medidas para enfrentar el “desabastecimiento agudo de combustible” que sufre la isla desde que Estados Unidos cortó los suministros venezolanos. La escasez ya provocó la suspensión de vuelos de varias aerolíneas, entre ellas Rossiya Airlines, Nordwind Airlines y Air Canada. El golpe se repite en cadena: menos transporte, menos actividad económica y más aislamiento para un país administrado por el régimen con parches, propaganda y carencias cada vez más abiertas.

La pausa de Sherritt vuelve a mostrar el costo de esa incapacidad. Cuba depende de decisiones políticas, de proveedores inciertos y de una gestión que no resuelve ni lo básico. Cuando falla el combustible, se detiene la minería, se resiente la aviación y se hunde todavía más una economía ya castigada por la ineficiencia oficial.

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