Sandro Castro volvió a exponerse en Instagram con un video donde mezcló choteo, gasolina y una frase que cae de lleno sobre la crisis energética que ahoga a Cuba. El nieto de Fidel Castro habló de su supuesta “novia” combustible y dejó caer que el país está “a punto de explotar”, justo cuando los apagones y la escasez de carburante siguen castigando la vida diaria de las familias.
La publicación llega al mismo tiempo que el régimen anunció que las mipymes podrán importar combustible, aunque bajo control estatal estricto y a través de intermediarias oficiales. Esa apertura, presentada como alivio, confirma la misma lógica de siempre: hasta cuando afloja un poco, el aparato centralizado conserva la llave del negocio y encierra cualquier salida en más burocracia, más dependencia y más sobrecostos.
En el video, Sandro se burló del olor de la gasolina y se describió como una “mipyme con alergia”, una frase que pretende sonar graciosa mientras toca una herida real. En Cuba, el combustible no es un recurso cualquiera: define si el transporte se mueve, si una cola avanza, si una producción arranca o si la casa cae otra vez en la oscuridad. La escasez se ha vuelto rutina, y el régimen sigue administrándola desde arriba como si el problema fuera de distribución y no de fracaso.
El momento más provocador llegó cuando advirtió que nadie debía fumar cerca del bidón porque “explota todo esto” y remató con “ya estamos a punto de explotar”. Detrás del chiste queda una imagen demasiado precisa del país: una isla sobrecargada por los apagones, el desabastecimiento y una gestión económica incapaz de ofrecer una salida limpia, mientras el poder intenta maquillar la gravedad con anuncios parciales y control político.
La escena también vuelve a mostrar el privilegio con que Sandro Castro convierte la crisis nacional en contenido para redes, como si el hambre energética del país fuera un accesorio de su personaje. Mientras el régimen vende como apertura lo que mantiene amarrado a su aparato, el heredero del apellido Castro se permite bromear sobre una realidad que millones de cubanos padecen sin privilegios, sin gasolina y sin margen para la risa.

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