México lidera la ayuda regional a Cuba

Dos barcos de la Armada mexicana llegaron a La Habana con 814 toneladas de víveres, mientras otra carga humanitaria sigue pendiente de traslado y la isla vuelve a quedar expuesta a su fragilidad energética. México marcó la pauta con el respaldo material más visible en una región donde abundan los gestos políticos, pero escasean las respuestas concretas.

La urgencia cubana parte de una dependencia vieja y cada vez más pesada. La escasez de combustible se arrastra desde hace años, y el golpe se agravó cuando Estados Unidos cortó el flujo de petróleo venezolano tras la caída de Nicolás Maduro y amenazó con aranceles a cualquier país que venda hidrocarburos a La Habana. Para la población, eso se traduce en más apagones, más presión sobre el transporte y más asfixia sobre una economía ya debilitada.

Claudia Sheinbaum sostuvo que su gobierno envió petróleo a Cuba hasta principios de enero y que continuará mandando ayuda humanitaria, alimentos y otras solicitudes planteadas por el régimen cubano. También abrió un centro de acopio en Ciudad de México. La señal es clara: el gobierno mexicano mantiene el soporte material, aunque haya frenado por ahora los embarques de crudo.

Chile anunció un aporte de un millón de dólares, una decisión discutida por el presidente electo, José Antonio Kast. Brasil criticó la nueva ofensiva de Washington contra Cuba, pero no informó ayuda material. Venezuela, por su parte, volvió a cerrar filas con La Habana y reafirmó la solidaridad de Caracas en una relación que ha servido de sostén político al castrismo durante años.

Ese respaldo convive con una realidad que desnuda la dependencia del régimen: su principal fuente de divisas sigue siendo el envío de brigadas médicas al exterior, con 7.000 millones de dólares en 2025, según cifras oficiales. La isla exporta fuerza de trabajo mientras adentro faltan combustible, transporte y lo básico para sostener la vida diaria.

Nicaragua, el único socio de Cuba en Centroamérica, tampoco anunció ayuda material y además restituyó el requisito de visa para los cubanos. Esa exención, vigente desde 2021, había servido para aliviar la presión social tras las protestas antigubernamentales de julio de ese año y el éxodo posterior. El giro de Managua vuelve a cerrar una válvula de escape para quienes intentan huir de la asfixia de la isla.

Colombia y Uruguay no han confirmado apoyos concretos, mientras El Salvador, Panamá y Costa Rica tampoco han mostrado señales de respaldo a La Habana. En paralelo, Guatemala puso fin a un acuerdo de 27 años que permitió trabajar allí a miles de médicos cubanos, y Honduras también planea terminar sus brigadas. Ecuador, alineado con Washington, no ha anunciado programas de ayuda y se abstuvo por primera vez en más de tres décadas de votar en la ONU contra el embargo estadounidense.

El mapa que deja esta crisis es el de una Cuba cada vez más amarrada a subsidios, favores y decisiones ajenas. El régimen sigue reclamando solidaridad y culpando al embargo, pero la dependencia que arrastra revela otra verdad más dura: la isla sobrevive con respiración asistida mientras dentro se profundiza el deterioro de una población que paga el costo del fracaso del sistema.

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