Una madre de ocho hijos en Matanzas puso en palabras el golpe diario que ya sienten miles de familias cubanas: ni el pan de la bodega aparece con regularidad y, cuando sale, el precio rompe cualquier presupuesto doméstico. Su denuncia, hecha en un grupo de Facebook, retrata una realidad que el régimen intenta maquillar mientras la mesa de los cubanos se vacía.
Iliannys Delgado contó que en su casa ya ni el desayuno de los niños está garantizado. “Estoy muy, pero muy molesta con todo lo que está pasando. Soy madre de ocho niños, ya ni en la bodega viene el pan, ni leche para los niños, al menos el pan para que mis hijos puedan ir a la escuela”, escribió. Ese mismo día tuvo que comprar dos barras de pan suave a 200 pesos cada una para que sus hijos fueran a clases. Lo dijo sin rodeos: no puede repetir esa operación todos los días.
El testimonio de esta madre expone la fractura más cruel de la crisis cubana. Lo que durante décadas se presentó como una garantía mínima del sistema de racionamiento hoy falla, y cuando aparece en manos de particulares o mipymes, llega a precios que dejan fuera a la inmensa mayoría. En una economía donde los salarios siguen congelados frente a la inflación, asegurar algo tan básico como el desayuno se convierte en una carrera perdida de antemano.
Delgado también dejó salir la desesperación acumulada por años de escasez y abuso de precios. “Y eso es sin contar cuánto te cuesta un plato de comida. Sin palabras”, escribió, al tiempo que reclamó contra los revendedores que se aprovechan de la necesidad ajena. Su mensaje refleja una rabia extendida en los barrios cubanos, donde la vida cotidiana quedó atrapada entre la falta de oferta estatal y el mercado informal que exprime hasta el último peso.
En los comentarios, la publicación abrió otra vez el expediente del hambre, la desigualdad y el abandono. Cubanos dentro y fuera de la Isla señalaron la indiferencia de los que mandan, el privilegio de la cúpula y la imposibilidad real de los niños de llevar comida a la escuela. Una residente en Cienfuegos resumió el problema con precisión: los precios libres existen, pero el verdadero responsable es quien no garantiza el pan diario ni paga un salario que alcance. Esa es la consecuencia directa de un sistema que destruyó los mecanismos de abastecimiento y dejó a las familias a la intemperie.
El caso de esta madre matancera no se explica como un episodio aislado ni como una simple queja por el precio del pan. Es el retrato de un país donde la libreta ya no resuelve, la leche falta, el pan escasea y la infancia paga la factura de una economía hundida por el control político, la improductividad y el fracaso del régimen. Hoy pudo resolver el desayuno. Mañana, como ella misma advirtió, no sabe si podrá hacerlo otra vez.

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